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ARTURO PÉREZ-REVERTE / ELPAÍS.COM - 26/1/2012
La noche del 14 de abril de 1912, 99 años y nueve meses antes de que el Costa Concordia se abriese el casco en un escollo de la isla toscana del Giglio, el Titanic se hundió en el Atlántico Norte llevándose a 1.503 personas. El abandono del barco fue desastroso. El capitán Edward Smith, que pese a 34 años de experiencia profesional se comportó más como torpe gerente de un hotel de lujo que como marino, tardó 25 minutos en lanzar el primer SOS. Además, retrasó la orden de abandonar el barco, disimulando esta de modo que la mayor parte de los pasajeros no advirtió el peligro hasta que fue demasiado tarde. Después, la falta de botes salvavidas, el mar bajo cero y los 25 minutos perdidos en la llegada del primer barco que acudió en su auxilio, remataron la tragedia.
[Continúa leyendo]Le Magazine Litteraire - 22/6/2011
ARTURO PÉREZ-REVERTE | El País - 29/6/2008
Arturo Pérez- Reverte se estrenó en la Tercera de ABC, el sábado, 26 de febrero, con un texto de eslora cervantina y calado marinero. De la mano de sus dos grandes pasiones, el mar y las letras, llega el escritor cartagenero al hogar periodístico que ha venido acogiendo desde hace un siglo buena parte de la más esmerada prosa y del talento creativo del quehacer literario.
[Continúa leyendo]ARTURO PÉREZ-REVERTE | El País - 20/4/2008
En estos tiempos de códigos más o menos Vincis, de conspiraciones vaticanas y de tramas ocultas, regado todo con la inevitable agua llevada al molino de la política, el 2 de Mayo no podía quedar al margen.
[Continúa leyendo]ARTURO PÉREZ-REVERTE | El País - 24/1/2008
En
este año se cumple el 200 aniversario del 2 de Mayo en Madrid, una
fecha políticamente incómoda, manipulada históricamente y usufructuada
por los distintos regímenes, partidos e ideologías desde entonces.
ARTURO PÉREZ-REVERTE | El País Semanal - 19/12/2004
El
hidalgo Alonso Quijano no es valiente. Así de rotundo, el escritor
Arturo Pérez-Reverte recorre la obra de Cervantes y demuestra cómo la
obsesión de la cobardía convierte a Don Quijote en un bravo caballero.
ARTURO PÉREZ-REVERTE | El Semanal - 30/5/2003
El escritor fue galardonado el día 1 de abril de 2004 con el XXIX Premio González-Ruano de Periodismo por este artículo publicado en el suplemento dominical "El Semanal".
[Continúa leyendo]ARTURO PÉREZ-REVERTE - 31/1/2003
Estar aquí esta tarde es favor altísimo y honra siempre codiciada, en palabras que son venerables en este recinto. Aunque ese favor y esa honra yo no los hubiera codiciado nunca, ni los imaginara siquiera, hasta que ilustres miembros de esta institución, a la mayor parte de los cuales no conocía sino por su prestigio, trabajo y magisterio me hicieron el inmenso honor de proponer mi nombre para ocupar el sillón de la letra T. (...)
[Continúa leyendo]ARTURO PÉREZ-REVERTE | El País Semanal - 02/6/2002
Una mujer sale de la nada en México y llega a reina del narcotráfico en Gibraltar. En medio, 12 años de infarto. Ésta es la trama de "La Reina del Sur", un "corrido de 500 páginas" cuyo origen rememora el autor durante una 'noche de caza' con el Servicio de Vigilancia Aduanera.
[Continúa leyendo]ARTURO PÉREZ-REVERTE | El País - 11/9/2001
Llevo en el bolsillo el doblón de oro del capitán Ahab. Muchas veces remé hacia la ballena, con el cuchillo entre los dientes, sintiendo en la espalda la respiración entrecortada de mis compañeros mientras Queequeg, erguido en la proa, apuntaba el arpón al lomo de Moby Dick. Otras salté desde la barquilla de un globo en el cielo de África, para aligerarlo de peso y salvar la vida de mis amigos, me cubrí con la máscara de Scaramouche o aguardé el asalto de los indios hurones tumbado en la hierba de la pradera, la culata del mosquete pegada a la cara, mirando de reojo el rostro sereno y picado de viruela de Lewis Wetzel, el implacable matador de hombres. Y en más ocasiones de las que puedo recordar vi hundirse el sol en el mar acodado en la regala de la Hispaniola, salté por la borda del Patna en lugar de ese chico, Jim, me cañoneé penol a penol desde la fragata Surprise, o atravesé con mi espada al pirata Levasseur en una playa del Caribe. A ustedes les asombraría mi currículum, caballeros, si se lo contara completo. Aquí donde me ven, he visto cosas que otros se limitan a soñar: naves ardiendo más allá de Orión y y toda la parafernalia, no sé si me explico. Pero me temo que harían falta innumerables veladas como ésta para pasarle revista a todo eso. De cualquier modo, aquí, en la veranda del hotel Raffles, se está cómodo; la temperatura resulta agradable, y la Bombay azul que nos sirve el camarero malayo es tan perfumada como la noche que nos rodea con sus luciérnagas, sus ruidos de la selva próxima y demás. Hasta me parece oír a lo lejos, escuchen, el rugido de Shere Khan. Así que déjenme encender la pipa, hagan arder sus cigarros, acomódense y oigan lo que puedo referir, si gustan. Y recuerden, sobre todo, que nada de lo que les cuento puede mirarse con ecuanimidad desde afuera. Quiero decir que para ciertas cosas es necesario un pacto previo. En las novelas de aventuras, por ejemplo, el lector debe ser capaz de incluirse en la trama; de participar en el asunto y vivir a través de los personajes. Mal asunto si va de listo, o de escéptico. Si un lector no es capaz de poner en liza su imaginación, de implicarse y establecer ese vínculo, aunque sea resabiado y sutil, entonces que ni se moleste en intentarlo. Se va a la novela, y en especial a la de aventuras, como los católicos a la comunión o como los tahúres al póker: en estado de gracia y dispuesto a jugar según las reglas del asunto. Y así, entre muchas posibles clases, divisiones y subdivisiones, los lectores se dividen básicamente en dos grandes grupos: los que están dentro y los que se quedan fuera.
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