Textos de Pérez-Reverte | Web oficial de Arturo Pérez Reverte http://www.perezreverte.com Sat, 11 Sep 2010 03:54:45 +0100 FeedCreator 1.7.2 Un "error" de Cervantes http://www.perezreverte.com/articulo/perez-reverte/279/un-error-de-cervantes/ Arturo Pérez- Reverte se estrenó en la Tercera de ABC, el sábado, 26 de febrero, con un texto de eslora cervantina y calado marinero. De la mano de sus dos grandes pasiones, el mar y las letras, llega el escritor cartagenero al hogar periodístico que ha venido acogiendo desde hace un siglo buena parte de la más esmerada prosa y del talento creativo del quehacer literario.

No hay libro, excepto la Biblia, que haya sido tan estudiado y discutido como el Quijote. Todavía hoy, cervantistas de todo el mundo discuten y se apasionan en torno a una preposición, un adverbio, una nota erudita. Todo parece dicho ya sobre la obra de Cervantes; y sin embargo, ésta permanece inagotable en su grandeza, llena de pasajes oscuros, emboscadas fascinantes, sonrisas inesperadas, pequeñas y gratas sorpresas. Ese placer no es privilegio reservado a los especialistas. Cualquier lector se convierte en uno de ellos al proyectar en las páginas inmortales su imaginación, sus sueños, sus conocimientos. Y así, de la forma más personal e inesperada, cada uno de nosotros enriquece la obra y a veces pone alguna cosa en su sitio.

Acabo de reparar, por casualidad y al hilo de otro asunto, en un punto polémico y curioso de la narración del Cautivo: esa pequeña novela casi autobiográfica inserta en la primera parte del Quijote, que Clemente Cortejón, en su edición crítica de 1905, consideró precedente del género de novela histórica que popularizaría Walter Scott. La del Cautivo es también una novela marinera, pues abunda en terminología náutica -el viaje está cartografiado por Francisco Rico en un interesante mapa que figura en su edición del Quijote de Castilla La Mancha-. Ese rigor de Cervantes no sorprende en absoluto, si consideramos que fue cinco años soldado en las galeras de Levante, embarcó en Nápoles, peleó en Lepanto, corseó y escaramuzó en las costas griegas, fue apresado a bordo de la galera Sol cerca de Marsella, y vivió mucho tiempo -otros cinco años- en un activo puerto corsario del norte de África.

El relato del Cautivo aporta datos interesantes sobre algunos lugares mediterráneos de la época. Además de Argel, donde transcurre parte de la historia de amor con Zoraida, menciona Tabarca, isla situada a media legua de la costa norteafricana, a poniente de la entrada del golfo de Túnez. También habla de un puerto de embarque comercial de higos secos llamado Sargel. Se trata del actual Cherchell, que figura en las cartas náuticas antiguas como Cercelli o Serseli: un puerto corsario y comercial repoblado con moriscos españoles.

La costa griega también la conoció Cervantes, y aparece detallada...

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Web oficial de Arturo Pérez Reverte Sat, 28 Jun 2008 23:00:00 +0100
Una intifada de navaja y macetazo http://www.perezreverte.com/articulo/perez-reverte/277/una-intifada-de-navaja-y-macetazo/ En estos tiempos de códigos más o menos Vincis, de conspiraciones vaticanas y de tramas ocultas, regado todo con la inevitable agua llevada al molino de la política, el 2 de Mayo no podía quedar al margen.

En estos tiempos de códigos más o menos Vincis, de conspiraciones vaticanas y de tramas ocultas, regado todo con la inevitable agua llevada al molino de la política, el 2 de Mayo no podía quedar al margen. Por eso, junto a historiadores de probada solvencia que aportan al bicentenario obras fundamentales para comprender mejor un tiempo decisivo para la España de entonces y la de hoy, aparecen también versiones pintorescas de los acontecimientos que desencadenaron la Guerra de la Independencia. Historiadores o historietistas de variada casta, sin recurrir ni siquiera al recurso -que casi todo lo justifica- de la ficción, vuelcan en la fecha del 2 de Mayo las más peregrinas interpretaciones personales: desde quien plantea el conflicto como una primera guerra civil entre españoles, anacronismo que hace llevarse las manos a la cabeza a los historiadores serios, a quien pretende demostrar, no ya que los madrileños se alzaran directamente por la Constitución de 1812, sino por la de 1978, o casi. Sin que falte algún historiador profesional que -a qué pasar hambre, si es de noche y hay higueras- presenta libro, pretendidamente riguroso, bajo el reclamo publicitario: Las tramas secretas de la insurrección.

Nada de eso es malo, por supuesto. Está bien que circulen opiniones diversas, artículos y libros, y que el lector curioso o especializado disponga de variados puntos de vista para establecer su propia idea del asunto. El tiempo y los verdaderos historiadores ponen siempre, al fin, cada cosa en su lugar. Eso ocurre ya estos días con la difusión de trabajos admirables como los del teniente coronel José Manuel Guerrero Acosta o la historiadora Carmen Iglesias -magnífico, su ensayo breve La tragedia de la inteligencia-, la publicación de ensayos solventes como el José Bonaparte de Manuel Moreno Alonso o el Dos de Mayo de 1808 de Arsenio García Fuentes, entre otros, y la reedición, o feliz permanencia en las mesas de novedades de las librerías, de títulos fundamentales como La guerra de la Independencia, de Miguel Artol; El Dos de Mayo, mito y fiesta nacional, de Christian Demange; o El sueño de la nación indomable, de Ricardo García Cárcel.

A juicio del simple lector que soy, el valor singular de las obras citadas es que sus autores saben, o supieron, mantener las distancias con el lugar común de la nación en armas unida y solidaria como un solo hombre, poniendo...

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Web oficial de Arturo Pérez Reverte Sat, 19 Apr 2008 23:00:00 +0100
Cólera de un pueblo, certeza de una nación http://www.perezreverte.com/articulo/perez-reverte/278/colera-de-un-pueblo-certeza-de-una-nacion/ En este año se cumple el 200 aniversario del 2 de Mayo en Madrid, una fecha políticamente incómoda, manipulada históricamente y usufructuada por los distintos regímenes, partidos e ideologías desde entonces.

Pocas fechas han sido tan interpretadas y manipuladas como el 2 de Mayo de 1808. Aquel estallido de violencia en Madrid tuvo consecuencias extraordinarias que hoy marcan todavía la vida de los españoles. Esa es la razón de que, durante 200 años, esa jornada haya venido siendo caudal histórico abierto a diferentes interpretaciones, materia apropiable por unos y otros, instrumento ideológico para las diversas fuerzas políticas implicadas en el proceso de construcción, consolidación y definición del Estado nacional.

El 2 de Mayo es una fecha políticamente incómoda. Lo fue ya desde el primer momento, aquel mismo día. Los madrileños, que como el resto de España habían sido incapaces de reaccionar ante la invasión napoleónica, estaban perplejos, también, ante la invasión de las ideas. Lo único claro para ellos era que las tropas francesas actuaban como enemigas, y que la paciencia ante tanto desafuero y arrogancia desbordaba el límite de lo sufrible por aquel pueblo inculto, sujeto a la tradición monárquica y religiosa. Su ira era más visceral que ideológica.

Como han señalado historiadores lúcidos que vieron más allá del lugar común de la nación en armas, sólo dos minorías perspicaces, la profrancesa y la fernandista -unos mirando hacia el futuro y otros hacia el pasado-, advirtieron lo que estaba ese día en juego; del mismo modo que más tarde, en Cádiz, sólo otras dos minorías inteligentes, la liberal y la servil, comprenderían la oportunidad histórica de aquella guerra y de aquella Constitución. La gran masa de españoles, el pueblo ignorante que peleó en Madrid y luego en toda España durante seis años más, intervenía sólo como actor, voluntario o forzoso, en la cuestión de fondo: no se trataba de la lucha de una dinastía intrusa frente a otra legítima, sino de un sistema político opuesto a otro. La pugna entre un antiguo régimen sentenciado por la Historia y un turbulento siglo XIX que llamaba a la puerta.

La épica jornada de Madrid ha sido trastornada por su propio mito. La gente que salió a combatir lo hizo por su cuenta y riesgo. Fue el pueblo humilde quien se hizo cargo, a tiros y puñaladas, de una soberanía nacional de la que se desentendían los gobernantes. La relación de víctimas prueba...

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Web oficial de Arturo Pérez Reverte Thu, 24 Jan 2008 00:00:00 +0100
El cobarde heroico http://www.perezreverte.com/articulo/perez-reverte/280/el-cobarde-heroico/ El hidalgo Alonso Quijano no es valiente. Así de rotundo, el escritor Arturo Pérez-Reverte recorre la obra de Cervantes y demuestra cómo la obsesión de la cobardía convierte a Don Quijote en un bravo caballero.

Don Quijote, o mejor dicho, el hidalgo Alonso Quijano, no es valiente. Sólo cree serlo. Ni siquiera el valor insensato que nace de su locura sobrevive al mundo real que se introduce, implacable, por los resquicios de su armadura anacrónica y abollada. Todo ello, que el lector vislumbra en destellos rápidos a lo largo de la primera parte de la obra, resulta evidente en la segunda. Sólo cerca del final, en Cataluña, nuestro héroe encuentra la aventura de verdad. La muerte de verdad. Sangre auténtica, empezando por el bandolero al que mata Roque Guinart, ante cuyo valor, que sí es real, calla y mira el héroe loco. Y ahí empieza a encogérsele el coraje. Cuando el ataque de los bergantines turcos, él sigue mirando. Oye cañonazos, que no había oído nunca, y de nuevo calla. Se espanta. En realidad, cuando poco después el bachiller Sansón Carrasco vence a Don Quijote -lo mata, en cierto modo- no hace sino liquidar a un héroe agonizante.

Quien sí fue valiente, sin fisuras, es Miguel de Cervantes. Y se nota. Cuando arremete con denuedo, Don Quijote no hace sino utilizar lo que le presta el corazón del hombre que lo alumbra. Cervantes era el joven de Lepanto, el soldado de Urbina honrado y pobre, el gallardo esclavo de Argel; el novelista genial que, pese a cuanto él mismo afirma, sabe perfectamente que es falso que los libros de caballerías estén en su época dorada. Porque el Quijote no liquida nada. Según nos hace notar Martín de Riquer, cuando Cervantes escribe su obra, el género ya está de capa caída. Los pensadores serios, los moralistas, los erasmistas, llevan mucho tiempo repitiendo que los libros de caballerías son depósito de mentiras y vanidades. Su siglo áureo ha sido el XVI, cuando eran leídos lo mismo por el emperador Carlos que por santa Teresa y viajaban hacia poniente en el equipaje de conquistadores que, ellos sí, vivían aventuras desaforadas y bautizaban las nuevas tierras con nombres sacados de esos libros: Patagonia o California. Entre el cañamazo de la parodia genial, por los vericuetos serenos de su prosa, Cervantes nos muestra que no está tan lejos de todo eso como pretende. Ni siquiera, descubre el lector a poco que se fije, el autor se burla de todos los libros de caballerías. Sólo ataca a los malos. Otros los aprueba y subraya sus virtudes, sobre todo el elogio del valor, salvándolos del expurgo de la librería y de la hoguera.
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Web oficial de Arturo Pérez Reverte Sun, 19 Dec 2004 00:00:00 +0100
Una ventana a la guerra http://www.perezreverte.com/articulo/perez-reverte/281/una-ventana-a-la-guerra/ El escritor fue galardonado el día 1 de abril de 2004 con el XXIX Premio González-Ruano de Periodismo por este artículo publicado en el suplemento dominical "El Semanal".

Murieron en Iraq hace unas semanas. No sé si cuando esto se publique habrá alguno más. En cualquier caso, españoles o no, seguirán muriendo; en ésta o en la siguiente guerra. Eso nada tiene que ver con la ingenuidad de quienes sueñan con un mundo perfecto, ni con la obscena demagogia de quienes convierten en votos cada niño quemado y cada muerte. Ninguna guerra es la última, porque el ser humano es un perfecto canalla. Y para contar lo más brutal de esa infame condición humana, seguirán muriendo periodistas.

No conocía a Julio Anguita Parrado ni a José Couso. Eran jóvenes, y yo me jubilé después de los Balcanes; donde, por cierto, enterramos a cincuenta y seis colegas. No sé qué llevó a Julio y José hasta el misil o la granada que los mató, aunque puedo imaginarlo. En cuanto a por qué murieron, debo decir lo que creo: que murieron porque querían estar allí. Fueron voluntarios a un lugar peligroso, y el padre de Julio Anguita lo resumió con una entereza admirable: "Mi hijo murió cumpliendo con su deber". Punto. Hacían un trabajo duro, y salió su número. En la lotería donde se combinan el azar y las leyes de la balística, les tocó a ellos. Suma y sigue. El resto es demagogia y literatura.

Por qué estaban allí, supongo que es la pregunta. Por qué cerca de la línea de fuego, como Julio, o filmando asomado a una ventana en plena batalla, como José. No por dinero, desde luego. Ni por amor desaforado a la información y a la verdad. Tampoco, como he oído decir estos días, por amor a la humanidad, para detener con su testimonio las guerras. La milonga del periodista buen samaritano es una tontería. Ni siquiera Miguel Gil Moreno, a quien han estado a punto de beatificar desde que cascó en Sierra Leona, iba por eso. Uno ayuda, claro. Lo hace cuando puede. Incluso a veces piensa que su trabajo puede cambiar algo. Pero de ahí a que un reportero sea un filántropo, media un abismo. En veintiún años de oficio no encontré ninguno así. Al contrario. Nunca conocí a un reportero que al sonar el primer cañonazo no sintiera la excitación, el hormigueo, de...

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Web oficial de Arturo Pérez Reverte Thu, 29 May 2003 23:00:00 +0100
El habla de un bravo del siglo XVII http://www.perezreverte.com/articulo/perez-reverte/284/el-habla-de-un-bravo-del-siglo-xvii/ Estar aquí esta tarde es favor altísimo y honra siempre codiciada, en palabras que son venerables en este recinto. Aunque ese favor y esa honra yo no los hubiera codiciado nunca, ni los imaginara siquiera, hasta que ilustres miembros de esta institución, a la mayor parte de los cuales no conocía sino por su prestigio, trabajo y magisterio me hicieron el inmenso honor de proponer mi nombre para ocupar el sillón de la letra T. (...)

"Decidí que mi discurso de entrada en la Real Academia Española trataría del habla de un delincuente, de un bravo. Un valentón, en este caso, de los que en el siglo de Oro vivían mitad de las mujeres, mitad de alquilar su espada, o su cuchillo: un rufián, o jaque. (...)

"El bravo, el valentón, se levanta tarde. Ya empieza a bajar el sol sobre los tejados de la ancha, la ciudad (que en este caso es Madrid), cuando nuestro hombre se echa fuera de la cama, que él llama piltra, carraspeando para aclararse la gorja. Se nota que anoche besó el jarro más de la cuenta, y que la borrachera, la zorra, aún está a medio desollar. Nuestro jaque se lava un poco, y luego se compone los bigotes, que son fieros, apuntándole a los ojos".


Archivo en PDF con el artículo completo. (605 Kb) (Extraído de La web de Filemón)
Grabación en vídeo del discurso de ingreso

 



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Web oficial de Arturo Pérez Reverte Fri, 31 Jan 2003 00:00:00 +0100
A la caza del narco http://www.perezreverte.com/articulo/perez-reverte/285/a-la-caza-del-narco/ Una mujer sale de la nada en México y llega a reina del narcotráfico en Gibraltar. En medio, 12 años de infarto. Ésta es la trama de "La Reina del Sur", un "corrido de 500 páginas" cuyo origen rememora el autor durante una 'noche de caza' con el Servicio de Vigilancia Aduanera.

Resulta extraño cómo pueden coincidir a veces la realidad y la ficción. José Luis Domínguez, el observador del pájaro, está atento a la pantalla del visor térmico de Argos, la nave del cielo que lleva un gran ojo nocturno en la proa. "Todavía no nos han visto", dice. En la pantalla, mientras el helicóptero de Vigilancia Aduanera vuela en la noche, acercándose a la playa desde el mar, la goma es una mancha alargada en la orilla, y los malos una docena de siluetas que se mueven alrededor acarreando fardos de treinta kilos de hachís. La semirrígida de nueve metros a la que seguimos el rastro ha ido a varar en una playa oscura de Guadalmina Baja, a poniente de Marbella. Y mientras Javier Collado, el piloto, lanza el pájaro sobre ellos a ciento cincuenta nudos de velocidad, no puedo evitar una risa incrédula. Esos tíos están alijando el hachís a pocos metros de la casa de Teresa Mendoza, alias la Mejicana, compruebo asombrado. Ni a propósito. Cualquiera diría que acaban de leerse la maldita novela, o que salen de ella.

Veintinueve meses de trabajo concluyen esta noche, aquí mismo, sobre la playa. Quinientas cincuenta páginas que he querido rematar en uno de los escenarios de la historia, para recordar los últimos detalles -estoy a tiempo de corregir las galeradas- y también como excusa para salir una noche más de caza con los viejos amigos, ahora que la realidad se mezcla en mi cabeza con la ficción hasta el punto de que resulta imposible separar una de otra. En realidad nadie pone en una novela lo que no tiene. Ni harto de whisky. Yo, por lo menos, las construyo con lo que he leído, con lo que he vivido y con lo que imagino. Como cualquiera, supongo. Como cualquiera, naturalmente, que haya leído, que haya vivido y que sea capaz de imaginar juntando letras y palabras mientras lo hace. Cada uno es cada uno. En cuanto a la escena que vivo esta noche, suspendido entre cielo y mar en la cabina del BO-105 de Vigilancia Aduanera, ya la viví muchas veces como reportero, en otro tiempo, cuando entre viaje y viaje de la cosa bélica venía de caza al Estrecho; porque Gibraltar era la principal base contrabandista del Mediterráneo Occidental y las imágenes eran rentables y espectaculares, y había adrenalina a chorros, y encima abríamos con esas imágenes los telediarios y nos lo pasábamos -Márquez, Valentín,...

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Web oficial de Arturo Pérez Reverte Sat, 01 Jun 2002 23:00:00 +0100
El doblón del capitán Ahab http://www.perezreverte.com/articulo/perez-reverte/291/el-doblon-del-capitan-ahab/ Llevo en el bolsillo el doblón de oro del capitán Ahab. Muchas veces remé hacia la ballena, con el cuchillo entre los dientes, sintiendo en la espalda la respiración entrecortada de mis compañeros mientras Queequeg, erguido en la proa, apuntaba el arpón al lomo de Moby Dick. Otras salté desde la barquilla de un globo en el cielo de África, para aligerarlo de peso y salvar la vida de mis amigos, me cubrí con la máscara de Scaramouche o aguardé el asalto de los indios hurones tumbado en la hierba de la pradera, la culata del mosquete pegada a la cara, mirando de reojo el rostro sereno y picado de viruela de Lewis Wetzel, el implacable matador de hombres. Y en más ocasiones de las que puedo recordar vi hundirse el sol en el mar acodado en la regala de la Hispaniola, salté por la borda del Patna en lugar de ese chico, Jim, me cañoneé penol a penol desde la fragata Surprise, o atravesé con mi espada al pirata Levasseur en una playa del Caribe. A ustedes les asombraría mi currículum, caballeros, si se lo contara completo. Aquí donde me ven, he visto cosas que otros se limitan a soñar: naves ardiendo más allá de Orión y y toda la parafernalia, no sé si me explico. Pero me temo que harían falta innumerables veladas como ésta para pasarle revista a todo eso. De cualquier modo, aquí, en la veranda del hotel Raffles, se está cómodo; la temperatura resulta agradable, y la Bombay azul que nos sirve el camarero malayo es tan perfumada como la noche que nos rodea con sus luciérnagas, sus ruidos de la selva próxima y demás. Hasta me parece oír a lo lejos, escuchen, el rugido de Shere Khan. Así que déjenme encender la pipa, hagan arder sus cigarros, acomódense y oigan lo que puedo referir, si gustan. Y recuerden, sobre todo, que nada de lo que les cuento puede mirarse con ecuanimidad desde afuera. Quiero decir que para ciertas cosas es necesario un pacto previo. En las novelas de aventuras, por ejemplo, el lector debe ser capaz de incluirse en la trama; de participar en el asunto y vivir a través de los personajes. Mal asunto si va de listo, o de escéptico. Si un lector no es capaz de poner en liza su imaginación, de implicarse y establecer ese vínculo, aunque sea resabiado y sutil, entonces que ni se moleste en intentarlo. Se va a la novela, y en especial a la de aventuras, como los católicos a la comunión o como los tahúres al póker: en estado de gracia y dispuesto a jugar según las reglas del asunto. Y así, entre muchas posibles clases, divisiones y subdivisiones, los lectores se dividen básicamente en dos grandes grupos: los que están dentro y los que se quedan fuera.

Pero...

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Web oficial de Arturo Pérez Reverte Mon, 10 Sep 2001 23:00:00 +0100
La incontinencia del profesor http://www.perezreverte.com/articulo/perez-reverte/283/la-incontinencia-del-profesor/ No hay nada más resentido, más venenoso ni bajuno, que la vanidad de un reyezuelo mediocre afrentado en la que considera su ínsula. Y, claro, el profesor Polo no ha podido contenerse. Olvidando la prudencia, olvidando cómo fue abucheado en el salón de la CAM por cuatrocientas personas (que no me dejarían mentir aunque lo pretendiera), lleva una semana descolgándose en Murcia con intervenciones diversas, públicas y semiprivadas, prensa, radio y aulas incluidas, en las que sigue confundiéndome con uno de esos alumnos de facultad a los que está acostumbrado a impresionar, y maltratar, con su arrogancia y sus malas maneras, amén de obligarlos a comprar sus libros. No sé si incluidos los de poesía (también es poeta, el profesor) que él mismo se autopublica en la Universidad de Murcia.

Hasta ahora, puesto que en el salón de la CAM había muchísimos testigos, no he creído necesario añadir nada a lo entonces dicho. Que fue muy poco y comedido, sobre todo porque considero incorrecto rebajar a un profesor, sea el que sea, delante del público y de sus alumnos. Pero imagino que el escozor del ilustre intelectual murciano no se calma con ese tipo de bálsamos, ya que una y otra vez vuelve a la carga. Y fíjense. Si se hubiera tratado de simples pataleos de profesor trasquilado por su propia imprudencia, posiblemente los hubiera dejado pasar como dejé pasar lo de la CAM (los asistentes me merecían demasiado respeto como para debatir allí las bajezas del profesor Polo); pero sucede que cuanto me llega estos días, ya escrito, ya por transmisión oral, tiene la irritante forma de reconvención profesoral a un alumno díscolo. A un chico respondón y mal criado. Y eso se lo podría tolerar tal vez a alguno de mis mayores, que son numerosos, respetables y respetados; pero nunca a un individuo de la catadura moral, académica y literaria del profesor Polo, sobre quien hasta ahora mismo, pese a conocer sus andanzas de antiguo, me abstuve siempre de formular juicio de valor alguno. Así que vamos por partes, y puntualicemos todo aquello que entonces me abstuve de exponer.

Primero. El profesor Polo da a entender estos días que accedió a traerme a la universidad de Murcia a ruegos de mis amigos, aunque él se resistía. Eso no se lo cree nadie ni hasta arriba de Jumilla. De ser cierto eso, mis amigos deben de presionar mucho y desde hace tiempo, porque el profesor Polo ya intentó llevarme otra vez a Murcia (en cuya universidad he intervenido cinco o seis veces, pero nunca con él) hace un par de años. Tengo, por cierto, mucha curiosidad por averiguar si a doña Ana Botella, esposa del presidente del Gobierno, también la invitó el profesor Polo al mismo...

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Web oficial de Arturo Pérez Reverte Wed, 31 Jan 2001 00:00:00 +0100
Sobre Borges y sobre gilipollas http://www.perezreverte.com/articulo/perez-reverte/292/sobre-borges-y-sobre-gilipollas/ Pues nada. Resulta que en Buenos Aires, interrogado sobre el Borges omnipresente en mi novela La tabla de Flandes, que además se abre, a modo de epígrafe, con sus versos sobre el jugador de ajedrez, estuve hablando un rato de la obra del escritor argentino. Era inmenso y enorme, dije, reconociendo así mi deuda literaria. Salió luego, a pregunta de un amigo, el Borges más personal: sus filias y fobias, lo cruelmente que trató a otros escritores, su manifiesto, público y casi constante desprecio a la lengua falta de recursos en la que, según afirmaba, no había tenido otro remedio que resignarse a escribir. Su autobiografía dictada, donde apunta que, tras leerlo primero en inglés, El Quijote en castellano le pareció "una mala traducción". El hecho de que hasta que le fue concedido el premio Cervantes no tuviera una sola palabra amable para lo español. Que lamentase no haber sido un escritor en lengua inglesa, y que durante casi toda su vida negase la indiscutible, y felicísima, influencia que los autores en lengua española, como Quevedo -en su árida prosa- y el mismo Cervantes tuvieron en su obra, y que escribiera: "los galicismos son el único aporte serio de España a la cultura occidental". En vista de lo cual, dije -y lo sostengo- a mí esas actitudes me parecen propias de un snob. Que en España es una de las variantes que asocio con la palabra gilipollas.

En Argentina, donde la declaraciones fueron por lo general recogidas en su contexto, y donde además todo el mundo conoce a Borges perfectamente, casi nadie se rasgó las vestiduras. A Borges ya lo habían llamado otras cosas peores, y lo que hubo fue cierta polémica, unos a favor, y otros en contra; pero sin conmociones y sin ruido excesivo. Hubo quien dijo que el gilipollas era yo, y también quien sostuvo que por fin alguien se atrevía a decir en voz alta lo que muchos argentinos piensan al respecto. Incluso alguien llegó a escribir que lo mío podía considerarse una boutade borgiana que el propio Borges podía haber suscrito; y que donde las dan, las toman. Nada de particular, ninguna crisis. Todos entendieron que mi comentario no pretendía restar un ápice a la talla literaria del viejo genial y malvado. Al fin y al cabo, sus ojos se cerraron y el mundo sigue andando.

En España, sin embargo -aquí todos somos más borgianos que Borges y más faulknerianos que Faulkner-, la cosa fue diferente. Mi paisano Jaime Campmany me dio un cariñoso y paternal tirón de orejas. Otros, los autoerigidos en guardianes de la memoria borgiana -cosa que uno jamás sospecharía cuando lee lo que escriben- pusieron el grito en el cielo. Luis Antonio de...

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Web oficial de Arturo Pérez Reverte Mon, 31 Jan 2000 00:00:00 +0100