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Textos de Pérez-Reverte

El doblón del capitán Ahab

ARTURO PÉREZ-REVERTE | El País - 11/9/2001

Llevo en el bolsillo el doblón de oro del capitán Ahab. Muchas veces remé hacia la ballena, con el cuchillo entre los dientes, sintiendo en la espalda la respiración entrecortada de mis compañeros mientras Queequeg, erguido en la proa, apuntaba el arpón al lomo de Moby Dick. Otras salté desde la barquilla de un globo en el cielo de África, para aligerarlo de peso y salvar la vida de mis amigos, me cubrí con la máscara de Scaramouche o aguardé el asalto de los indios hurones tumbado en la hierba de la pradera, la culata del mosquete pegada a la cara, mirando de reojo el rostro sereno y picado de viruela de Lewis Wetzel, el implacable matador de hombres. Y en más ocasiones de las que puedo recordar vi hundirse el sol en el mar acodado en la regala de la Hispaniola, salté por la borda del Patna en lugar de ese chico, Jim, me cañoneé penol a penol desde la fragata Surprise, o atravesé con mi espada al pirata Levasseur en una playa del Caribe. A ustedes les asombraría mi currículum, caballeros, si se lo contara completo. Aquí donde me ven, he visto cosas que otros se limitan a soñar: naves ardiendo más allá de Orión y y toda la parafernalia, no sé si me explico. Pero me temo que harían falta innumerables veladas como ésta para pasarle revista a todo eso. De cualquier modo, aquí, en la veranda del hotel Raffles, se está cómodo; la temperatura resulta agradable, y la Bombay azul que nos sirve el camarero malayo es tan perfumada como la noche que nos rodea con sus luciérnagas, sus ruidos de la selva próxima y demás. Hasta me parece oír a lo lejos, escuchen, el rugido de Shere Khan. Así que déjenme encender la pipa, hagan arder sus cigarros, acomódense y oigan lo que puedo referir, si gustan. Y recuerden, sobre todo, que nada de lo que les cuento puede mirarse con ecuanimidad desde afuera. Quiero decir que para ciertas cosas es necesario un pacto previo. En las novelas de aventuras, por ejemplo, el lector debe ser capaz de incluirse en la trama; de participar en el asunto y vivir a través de los personajes. Mal asunto si va de listo, o de escéptico. Si un lector no es capaz de poner en liza su imaginación, de implicarse y establecer ese vínculo, aunque sea resabiado y sutil, entonces que ni se moleste en intentarlo. Se va a la novela, y en especial a la de aventuras, como los católicos a la comunión o como los tahúres al póker: en estado de gracia y dispuesto a jugar según las reglas del asunto. Y así, entre muchas posibles clases, divisiones y subdivisiones, los lectores se dividen básicamente en dos grandes grupos: los que están dentro y los que se quedan fuera.

La incontinencia del profesor

ARTURO PÉREZ-REVERTE | - 31/1/2001

No hay nada más resentido, más venenoso ni bajuno, que la vanidad de un reyezuelo mediocre afrentado en la que considera su ínsula. Y, claro, el profesor Polo no ha podido contenerse. Olvidando la prudencia, olvidando cómo fue abucheado en el salón de la CAM por cuatrocientas personas (que no me dejarían mentir aunque lo pretendiera), lleva una semana descolgándose en Murcia con intervenciones diversas, públicas y semiprivadas, prensa, radio y aulas incluidas, en las que sigue confundiéndome con uno de esos alumnos de facultad a los que está acostumbrado a impresionar, y maltratar, con su arrogancia y sus malas maneras, amén de obligarlos a comprar sus libros. No sé si incluidos los de poesía (también es poeta, el profesor) que él mismo se autopublica en la Universidad de Murcia.

Sobre Borges y sobre gilipollas

ARTURO PÉREZ-REVERTE - 31/1/2000

Pues nada. Resulta que en Buenos Aires, interrogado sobre el Borges omnipresente en mi novela La tabla de Flandes, que además se abre, a modo de epígrafe, con sus versos sobre el jugador de ajedrez, estuve hablando un rato de la obra del escritor argentino. Era inmenso y enorme, dije, reconociendo así mi deuda literaria. Salió luego, a pregunta de un amigo, el Borges más personal: sus filias y fobias, lo cruelmente que trató a otros escritores, su manifiesto, público y casi constante desprecio a la lengua falta de recursos en la que, según afirmaba, no había tenido otro remedio que resignarse a escribir. Su autobiografía dictada, donde apunta que, tras leerlo primero en inglés, El Quijote en castellano le pareció "una mala traducción". El hecho de que hasta que le fue concedido el premio Cervantes no tuviera una sola palabra amable para lo español. Que lamentase no haber sido un escritor en lengua inglesa, y que durante casi toda su vida negase la indiscutible, y felicísima, influencia que los autores en lengua española, como Quevedo -en su árida prosa- y el mismo Cervantes tuvieron en su obra, y que escribiera: "los galicismos son el único aporte serio de España a la cultura occidental". En vista de lo cual, dije -y lo sostengo- a mí esas actitudes me parecen propias de un snob. Que en España es una de las variantes que asocio con la palabra gilipollas.

La vía europea al best-séller

ARTURO PÉREZ-REVERTE | La Vanguardia - 30/10/1998

Soy un novelista profesional, y teorizar sobre literatura se lo dejo a quienes tienen ganas y tiempo para ello, o a quienes viven exclusivamente de sentar cátedra sobre lo que escriben otros; del mismo modo que la faceta artística de la literatura -que sin duda existe- se la dejo a los artistas profesionales, expertos en angustias creativas y duchos en las fascinantes zozobras de lo sublime. Yo me dedico a contar las historias que me apetece contar, y a hacerlo del modo más eficaz posible; así que me importa un bledo si la novela en general o en particular está muerta, o no. En lo que a mí respecta, procuro que la mía siga viva, y eso me mantiene lo bastante ocupado como para no andar perdiendo el tiempo en dimes, diretes y chorradas.

Cómo "Un asunto de honor" se convirtió en "Cachito"

ARTURO PÉREZ-REVERTE | Tarifa - 28/9/1995

Todo empezó en una comida con el productor de cine Antonio Cardenal y su machaca ejecutiva Marta Murube, que son mis amigos desde que Antonio se jugó el patrimonio para meterle mano con Pedro Olea a El maestro de esgrima. Antonio es un tipo grandullón, feo, entrañable y valiente, que tiene la extraña fijación patológica de adquirir, a poco que me descuido -otros coleccionan llaveros-, la mayor parte de los derechos cinematográficos de mis novelas. Acababa de contratarme El club Dumas y habíamos estado manteniendo reuniones con el guionista Anthony Shaffer -aquel de Sommersby y La huella de Mankievicz-, para ver cómo se planteaba el asunto en términos cinematográficos. Shaffer es un inglés encantador pero minucioso, y además no habla una palabra de español; así que después de dos sesiones en el hotel Villamagna de Madrid estábamos hechos polvo, y nos fuimos los tres a reponernos comiendo algo.

Odio a ese niño

ARTURO PÉREZ-REVERTE | El País - 02/8/1994

Es una cuestión de pura estética, lo sé. Pero odio a ese niño. Se lo tropieza , uno en cualquier cadena de la tele, cada vez que la publicidad campa por sus respetos. Es un enano de aspecto anglosajón, vestido con camisa a cuadros, tejanos, zapatillas deportivas y una de esas absurdas gorras americanas de béisbol que, desde hace tiempo, uno encuentra hasta en la sopa. La lleva, por supuesto, como la debe llevar un niño de ahora, o al menos la imagen de niño de ahora que se empeñan en colocamos los que saben de imágenes y de niños: con la visera ni hacia adelante ni hacia atrás, sino ladeada, como el que no quiere la cosa. Cuidadosamente informal, como buenos vástagos de papás dinámicos y guapos que bailan en el garaje junto al supercoche o viajan felices -permitan que me parta de risa- en la nueva Bussines Class de Iberia. Sabíamos de sobra, a estas alturas, que para ser feliz en la vida hay que tener físico y estilo anglosajón estadounidense de América. Los papás deben parecerse a Kevin Costner -Mario Conde ya no es una buena referencia- y las mamás han de optar entre el modelo rubia elegante y el de morena atractiva.

La fiel infantería

ARTURO PÉREZ-REVERTE | El Semanal - 31/1/1992

Aún no se había inventado la fotografía; pero aquel tipo, Velázquez, recogió el momento. Estábamos allí, engalanados como para el Corpus, y a lo lejos Breda estaba en llamas. La verdad es que nos habíamos ganado a pulso el asunto, después de ocho meses dale que te pego, tragando miseria en los parapetos; cavando trincheras, zapa va y zapa viene, con los holandeses haciendo salidas y acuchillándonos en cuanto cerrábamos un ojo. Pero allá ondeaba, en el campanario, el lienzo blanco, grande como una sábana. Al final les habíamos roto el espinazo.

Las reglas del juego

ARTURO PÉREZ-REVERTE | El Sol - 31/1/1990

Es frecuente que un libro nazca de una imagen. La tabla de Flandes nació en un coche-cama, a la luz de una pequeña lámpara de cabecera, entre las páginas de un libro de problemas de ajedrez. De pronto, lo vi. Una partida que se juega hacia atrás, una joven bella y silenciosa. Y un misterio. Un cuadro. Un cuadro flamenco, del siglo XV, en el que dos personajes juegan una partida. La partida de ajedrez. Un enigma desvelado quinientos anos mas tarde. Quis necavit equitem. Quién mató al caballero. El mundo de la pintura, el arte como enigma, la vida como juego. Una mujer atrapada por un cuadro. Y un jugador oculto, misterioso, omnipotente. Había música allí, además de pintura. Notas que se repetían, empezando de nuevo una y otra vez. Como un dibujo de Escher. Y un tablero con las casillas cambiadas, llenas de trampas que desorientan al jugador. El foso en lugar del puente, la cárcel en vez de la posada, la muerte escondida en el jardín... Ya no pude conciliar el sueño aquella noche, entre el traqueteo de las vías, en la estrecha litera del coche-cama. Pasaron dos años antes de que lograse conciliarlo de nuevo.

Eritrea. Los muertos boca arriba

ARTURO PÉREZ-REVERTE | Interviú - 28/4/1977

Tessenei es un pequeño rincón olvidado del mundo, una ciudad que apenas figura en los mapas. Está en Eritrea, la provincia más septentrional de Etiopía, asolada por la guerra de secesión que desde hace quince años enfrenta a los guerrilleros nacionalistas con las tropas de Addis Abeba. En el curso de una ofensiva desencadenada en las últimas semanas; los eritreos capturaron Tessenei a los etíopes, tras treinta y cinco horas de feroces combates. "Interviú" estaba allí.

Foto de Arturo Pérez-Reverte

¿Qué es?

Textos del escritor aparecidos en diversas publicaciones. El cementerio de los barcos sin nombre.

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