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Textos de Pérez-Reverte

Cólera de un pueblo, certeza de una nación

ARTURO PÉREZ-REVERTE | El País - 23/1/2008

En este año se cumple el 200 aniversario del 2 de Mayo en Madrid, una fecha políticamente incómoda, manipulada históricamente y usufructuada por los distintos regímenes, partidos e ideologías desde entonces.

El cobarde heroico

ARTURO PÉREZ-REVERTE | El País Semanal - 18/12/2004

El hidalgo Alonso Quijano no es valiente. Así de rotundo, el escritor Arturo Pérez-Reverte recorre la obra de Cervantes y demuestra cómo la obsesión de la cobardía convierte a Don Quijote en un bravo caballero.

Una ventana a la guerra

ARTURO PÉREZ-REVERTE | El Semanal - 29/5/2003

El escritor fue galardonado el día 1 de abril de 2004 con el XXIX Premio González-Ruano de Periodismo por este artículo publicado en el suplemento dominical "El Semanal".

El habla de un bravo del siglo XVII

ARTURO PÉREZ-REVERTE - 30/1/2003

Estar aquí esta tarde es favor altísimo y honra siempre codiciada, en palabras que son venerables en este recinto. Aunque ese favor y esa honra yo no los hubiera codiciado nunca, ni los imaginara siquiera, hasta que ilustres miembros de esta institución, a la mayor parte de los cuales no conocía sino por su prestigio, trabajo y magisterio me hicieron el inmenso honor de proponer mi nombre para ocupar el sillón de la letra T. (...)

A la caza del narco

ARTURO PÉREZ-REVERTE | El País Semanal - 01/6/2002

Una mujer sale de la nada en México y llega a reina del narcotráfico en Gibraltar. En medio, 12 años de infarto. Ésta es la trama de "La Reina del Sur", un "corrido de 500 páginas" cuyo origen rememora el autor durante una 'noche de caza' con el Servicio de Vigilancia Aduanera.

El doblón del capitán Ahab

ARTURO PÉREZ-REVERTE | El País - 10/9/2001

Llevo en el bolsillo el doblón de oro del capitán Ahab. Muchas veces remé hacia la ballena, con el cuchillo entre los dientes, sintiendo en la espalda la respiración entrecortada de mis compañeros mientras Queequeg, erguido en la proa, apuntaba el arpón al lomo de Moby Dick. Otras salté desde la barquilla de un globo en el cielo de África, para aligerarlo de peso y salvar la vida de mis amigos, me cubrí con la máscara de Scaramouche o aguardé el asalto de los indios hurones tumbado en la hierba de la pradera, la culata del mosquete pegada a la cara, mirando de reojo el rostro sereno y picado de viruela de Lewis Wetzel, el implacable matador de hombres. Y en más ocasiones de las que puedo recordar vi hundirse el sol en el mar acodado en la regala de la Hispaniola, salté por la borda del Patna en lugar de ese chico, Jim, me cañoneé penol a penol desde la fragata Surprise, o atravesé con mi espada al pirata Levasseur en una playa del Caribe. A ustedes les asombraría mi currículum, caballeros, si se lo contara completo. Aquí donde me ven, he visto cosas que otros se limitan a soñar: naves ardiendo más allá de Orión y y toda la parafernalia, no sé si me explico. Pero me temo que harían falta innumerables veladas como ésta para pasarle revista a todo eso. De cualquier modo, aquí, en la veranda del hotel Raffles, se está cómodo; la temperatura resulta agradable, y la Bombay azul que nos sirve el camarero malayo es tan perfumada como la noche que nos rodea con sus luciérnagas, sus ruidos de la selva próxima y demás. Hasta me parece oír a lo lejos, escuchen, el rugido de Shere Khan. Así que déjenme encender la pipa, hagan arder sus cigarros, acomódense y oigan lo que puedo referir, si gustan. Y recuerden, sobre todo, que nada de lo que les cuento puede mirarse con ecuanimidad desde afuera. Quiero decir que para ciertas cosas es necesario un pacto previo. En las novelas de aventuras, por ejemplo, el lector debe ser capaz de incluirse en la trama; de participar en el asunto y vivir a través de los personajes. Mal asunto si va de listo, o de escéptico. Si un lector no es capaz de poner en liza su imaginación, de implicarse y establecer ese vínculo, aunque sea resabiado y sutil, entonces que ni se moleste en intentarlo. Se va a la novela, y en especial a la de aventuras, como los católicos a la comunión o como los tahúres al póker: en estado de gracia y dispuesto a jugar según las reglas del asunto. Y así, entre muchas posibles clases, divisiones y subdivisiones, los lectores se dividen básicamente en dos grandes grupos: los que están dentro y los que se quedan fuera.

La incontinencia del profesor

ARTURO PÉREZ-REVERTE | - 30/1/2001

No hay nada más resentido, más venenoso ni bajuno, que la vanidad de un reyezuelo mediocre afrentado en la que considera su ínsula. Y, claro, el profesor Polo no ha podido contenerse. Olvidando la prudencia, olvidando cómo fue abucheado en el salón de la CAM por cuatrocientas personas (que no me dejarían mentir aunque lo pretendiera), lleva una semana descolgándose en Murcia con intervenciones diversas, públicas y semiprivadas, prensa, radio y aulas incluidas, en las que sigue confundiéndome con uno de esos alumnos de facultad a los que está acostumbrado a impresionar, y maltratar, con su arrogancia y sus malas maneras, amén de obligarlos a comprar sus libros. No sé si incluidos los de poesía (también es poeta, el profesor) que él mismo se autopublica en la Universidad de Murcia.

Sobre Borges y sobre gilipollas

ARTURO PÉREZ-REVERTE - 30/1/2000

Pues nada. Resulta que en Buenos Aires, interrogado sobre el Borges omnipresente en mi novela La tabla de Flandes, que además se abre, a modo de epígrafe, con sus versos sobre el jugador de ajedrez, estuve hablando un rato de la obra del escritor argentino. Era inmenso y enorme, dije, reconociendo así mi deuda literaria. Salió luego, a pregunta de un amigo, el Borges más personal: sus filias y fobias, lo cruelmente que trató a otros escritores, su manifiesto, público y casi constante desprecio a la lengua falta de recursos en la que, según afirmaba, no había tenido otro remedio que resignarse a escribir. Su autobiografía dictada, donde apunta que, tras leerlo primero en inglés, El Quijote en castellano le pareció "una mala traducción". El hecho de que hasta que le fue concedido el premio Cervantes no tuviera una sola palabra amable para lo español. Que lamentase no haber sido un escritor en lengua inglesa, y que durante casi toda su vida negase la indiscutible, y felicísima, influencia que los autores en lengua española, como Quevedo -en su árida prosa- y el mismo Cervantes tuvieron en su obra, y que escribiera: "los galicismos son el único aporte serio de España a la cultura occidental". En vista de lo cual, dije -y lo sostengo- a mí esas actitudes me parecen propias de un snob. Que en España es una de las variantes que asocio con la palabra gilipollas.

La vía europea al best-séller

ARTURO PÉREZ-REVERTE | La Vanguardia - 29/10/1998

Soy un novelista profesional, y teorizar sobre literatura se lo dejo a quienes tienen ganas y tiempo para ello, o a quienes viven exclusivamente de sentar cátedra sobre lo que escriben otros; del mismo modo que la faceta artística de la literatura -que sin duda existe- se la dejo a los artistas profesionales, expertos en angustias creativas y duchos en las fascinantes zozobras de lo sublime. Yo me dedico a contar las historias que me apetece contar, y a hacerlo del modo más eficaz posible; así que me importa un bledo si la novela en general o en particular está muerta, o no. En lo que a mí respecta, procuro que la mía siga viva, y eso me mantiene lo bastante ocupado como para no andar perdiendo el tiempo en dimes, diretes y chorradas.

Cómo "Un asunto de honor" se convirtió en "Cachito"

ARTURO PÉREZ-REVERTE | Tarifa - 27/9/1995

Todo empezó en una comida con el productor de cine Antonio Cardenal y su machaca ejecutiva Marta Murube, que son mis amigos desde que Antonio se jugó el patrimonio para meterle mano con Pedro Olea a El maestro de esgrima. Antonio es un tipo grandullón, feo, entrañable y valiente, que tiene la extraña fijación patológica de adquirir, a poco que me descuido -otros coleccionan llaveros-, la mayor parte de los derechos cinematográficos de mis novelas. Acababa de contratarme El club Dumas y habíamos estado manteniendo reuniones con el guionista Anthony Shaffer -aquel de Sommersby y La huella de Mankievicz-, para ver cómo se planteaba el asunto en términos cinematográficos. Shaffer es un inglés encantador pero minucioso, y además no habla una palabra de español; así que después de dos sesiones en el hotel Villamagna de Madrid estábamos hechos polvo, y nos fuimos los tres a reponernos comiendo algo.

Foto de Arturo Pérez-Reverte

¿Qué es?

Textos del escritor aparecidos en diversas publicaciones. El cementerio de los barcos sin nombre.

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