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Patente de corso

La tumba de Helena de Troya

XLSemanal - 03/10/2015

Desde la terraza alta del restaurante Elettra, en Porto Vénere, el golfo de La Spezia se ve azul y la bahía está punteada de barcos blancos fondeados al resguardo de la isla. Acabo de despachar una ración doble de espaguetis con botarga y le sirvo a mi editora Giovanna Cantón lo que queda del Tignanello con el que hemos acompañado la comida, cuando ésta me dice que desea subir al cementerio, situado sobre el pueblo, para visitar la tumba de Walter Bonatti y Rossana Podestá, que fueron grandes amigos suyos. Decido acompañarla, y no sólo por cortesía; conozco bien la doble historia que acaba en esa tumba al borde de un acantilado, sobre el Mediterráneo. Walter Bonatti, el más guapo e intrépido de los montañeros italianos, fue uno de mis ídolos de infancia, y en su momento seguí su ascensión en solitario al Cervino como una hazaña casi familiar. Rossana Podestá encarnó en el cine a Helena de Troya, la mujer -eso decía el cartel publicitario de la época, que recuerdo como si lo estuviera leyendo ahora- cuya belleza lanzó mil barcos al mar y suscitó diez años de guerra. Así que subo con mi editora por las empinadas escaleras que llevan al pueblo viejo y al cementerio marino.

El paraguas de Malabo

XLSemanal - 26/9/2015

Ayer, ordenando papeles y fotos viejas, encontré la de un diplomático español en Guinea Ecuatorial con un paraguas multicolor, de ésos tipo arco iris, caminando por una avenida bordeada de palmeras. No se le ve el rostro, pues está de espaldas mientras marcha decidido, con la prestancia de un lord inglés, balanceando en la mano derecha, con ademán elegante, el paraguas cerrado. Se trata de un tipo alto, flaco y rubio, que en el momento en que le hice la fotografía debía de rondar los treinta y cinco años. Es una foto pintoresca, y el recuerdo que tengo de ella, como del personaje, es más pintoresco todavía. Al encontrar su imagen me ha venido a la boca una sonrisa nostálgica, divertida, pues recuerdo perfectamente el momento en que hice esa fotografía. También, aunque el protagonista se encuentra de espaldas, retengo su rostro de entonces: los ojos que me parece eran claros, el cabello pajizo corto y escaso, la barba rubia. He olvidado su nombre y quizá hoy no lo reconocería por la calle, pero el recuerdo que me dejó es magnífico. Aquella mañana lo fotografié porque lo admiraba.

Una historia de España (LI)

XLSemanal - 20/9/2015

El reinado de Isabel II fue un continuo sobresalto: un putiferio de dinero sucio y ruido de sables. Un disparate llevado a medias entre una reina casi analfabeta, caprichosa y aficionada a los sementales de palacio, unos generales ambiciosos y levantiscos, y unos políticos corruptos que, aunque a menudo se odiaban entre sí, generales incluidos, podían ponerse de acuerdo durante opíparas comidas en Lhardy para repartirse el negocio.

Los godos del emperador Valente

XLSemanal - 12/9/2015

En el año 376 después de Cristo, en la frontera del Danubio se presentó una masa enorme de hombres, mujeres y niños. Eran refugiados godos que buscaban asilo, presionados por el avance de las hordas de Atila. Por diversas razones -entre otras, que Roma ya no era lo que había sido- se les permitió penetrar en territorio del imperio, pese a que, a diferencia de oleadas de pueblos inmigrantes anteriores, éstos no habían sido exterminados, esclavizados o sometidos, como se acostumbraba entonces. En los meses siguientes, aquellos refugiados comprobaron que el imperio romano no era el paraíso, que sus gobernantes eran débiles y corruptos, que no había riqueza y comida para todos, y que la injusticia y la codicia se cebaban en ellos. Así que dos años después de cruzar el Danubio, en Adrianópolis, esos mismos godos mataron al emperador Valente y destrozaron su ejército. Y noventa y ocho años después, sus nietos destronaron a Rómulo Augústulo, último emperador, y liquidaron lo que quedaba del imperio romano.

Sobre gazapos, listos y listillos

XLSemanal - 05/9/2015

Alguna vez comenté en esta página la existencia de una clase de lector que a menudo es muy útil, pero que en sus versiones psicopáticas resulta un perfecto tocapelotas. Lo curioso es que suelen ser hombres. En los treinta años que llevo escribiendo novelas, no recuerdo un solo caso en que se tratara de mujeres. Aunque esto no las excluye, naturalmente, y sólo sitúa el asunto en terreno estadístico. Me refiero a quien, después de hacerte el honor de calzarse tu libro, escribe una carta o se pone en contacto contigo para decirte que en tal o cual página hay un error, o una errata. Por lo general eso se agradece mucho, pues el error y la errata son parte consustancial de cualquier fruto de darle a la tecla. Cualquiera que practique este oficio sabe que, por mucho esmero que pongas, raro es el texto donde no quede un descuido, un dato mal consignado, una errata que pasa a todos inadvertida hasta el día aciago en que por primera vez abres el libro recién impreso y ahí está el gazapo, masticando una zanahoria, mirándote a los ojos mientras pregunta «¿Qué hay de nuevo, viejo?».

Una historia de España (L)

XLSemanal - 28/8/2015

Para hacerse idea de lo que fue nuestro siglo XIX y lo poco que los españoles nos aburrimos en él, basta mirar las cronologías. Si en el siglo anterior sufrimos a cinco reyes con una forma de gobierno que, mala o buena, fue una sola, en este otro, sumando reyes, regentes, reinas, novios de la reina, novios del rey, presidentes de república y generales que pasaban por allí, incluidas guerras carlistas y coloniales, tuvimos dieciocho formas de gobierno diferentes, solapadas, mixtas, opuestas combinadas o mediopensionistas.

Otra infamia de Iberia

XlSemanal - 22/8/2015

Hace cuarenta y cinco años que viajo en aviones, y he visto de todo, incluso subir o bajar de ellos mientras a los pasajeros, con sus maletas a cuestas, les pegaban tiros. En cuanto a compañías aéreas, el caso más pintoresco me ocurrió en el Congo, cuando al llegar a un aeropuerto perdido en el ojete del mundo, con todo en regla, una azafata con gorrito de leopardo me dijo que el avión se había llenado y se había ido, como si fuera un autobús, y me quedé una semana allí con cincuenta grados a la sombra, mirando cómo los lagartos hacían flexiones. Lo curioso es que ese incidente, que tuvo lugar en el Congo en los años 70 y que en su momento era, incluso para África, un disparate, se da hoy con normalidad en todos los aeropuertos del mundo. Forma parte del trato infame que las compañías aéreas suelen dispensar a unos pasajeros a los que maltratan y desprecian.

Editores sin escrúpulos

XLSemanal - 15/8/2015

Hay quien se va de putas, como otros se van de libros. De librerías. Lo de las putas lo trajino poco, pero de las librerías soy un adicto. Voy por la calle, veo una y me meto dentro antes de que me diga ojos negros tienes. Igual da que sea una librería general que una especializada en ortopedia, aeronáutica, medicina homeopática o asuntos religiosos, como, sin ir más lejos, pueden certificar en las estupendas San Pablo de la calle Sierpes de Sevilla y en la de la plaza Benavente de Madrid, donde hago frecuentes incursiones para cargarme de libros de Patrología y obras de Hans Kung, cuya extraordinaria Historia de la Iglesia Católica, por cierto, recomiendo y regalo mucho. Quiero decir que soy, prácticamente, un psicópata de las librerías, de las que me gusta incluso el olor; hasta el punto de que, cuando estoy en países de cuya lengua no entiendo un carajo, me meto en ellas para tocar los libros, mirar las cubiertas, la encuadernación y lo demás.

Una historia de España (XLIX)

XLSemanal - 09/8/2015

Pues ahí estábamos, dándonos otra vez palos entre nosotros para no faltar a la costumbre, en plena primera guerra carlista. En la que, para rizar nuestro propio rizo histórico de disparates, se daba una curiosa paradoja: el pretendiente don Carlos, que era muy de misa de ocho y pretendía imponer en España un régimen absolutista y centralista, era apoyado sobre todo por navarros, vascos y catalanes, allí donde el celo por los privilegios forales y la autonomía política y económica, diciéndolo en moderno, era más fuerte.

Las hijas de Mohamed

XLSemanal - 01/8/2015

Mohamed es camarero en un lugar que frecuento hace años. Es marroquí de Casablanca: moro, dice él sin complejo ninguno. Con orgullo, incluso. Moro de la morería, ríe cuando hablamos; como aquellos que hace siglos, comenta y sigue riendo, os tuvimos puteados a los españoles; entre otras cosas porque, después de ochocientos años aquí, también éramos españoles. Ojo con eso. Mohamed lo dice así y ríe todo el rato, porque es un tipo simpático. Un amigo inteligente y laborioso. Trabaja sin descanso desde la mañana hasta la tarde, pero nunca ha tenido un mal gesto ni una mala palabra. Para nadie. Es un profesional de confianza, altamente cualificado, al que todos aprecian y respetan. Cuando estamos tranquilos se niega a cobrarme la copa de vino, así que suelo pedírsela a uno de sus compañeros para que me dejen pagarlo. Pero Mohamed, siempre atento, le echa la bronca al colega. Aquí manda el moro, dice. Y vuelve a reír, disfrutando la cosa.

Foto de Arturo Pérez-Reverte

¿Qué es?

Columna que Arturo Pérez-Reverte publica en XL Semanal.

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