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Noticias y entrevistas

Alatriste, nos vemos en el cine

MIGUEL MORA | El País - 25/10/2003

El reto de llevar las aventuras del capitán Alatriste al cine se va a cumplir por fin. Agustín, Tano, Díaz Yanes (Madrid, 1950) ha escrito ya el guión y dirigirá la película, que se titulará Alatriste o Capitán Alatriste. El rodaje, que contará con 10.000 extras para narrar las peripecias del militar españolazo del Siglo de Oro, empezará en septiembre de 2004, bajo la producción de Antonio Cardenal. Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1955) está entusiasmado con esta nueva aventura de su brutal antihéroe: ha colaborado con Díaz Yanes en el tratamiento del guión, y le ha dado su beneplácito para que la película anticipe en tiempo real a la saga, recoja la incipiente decadencia del Imperio y enseñe la muerte del "hijodeputa".

El capitán Alatriste es ya, probablemente, el personaje novelesco más célebre de la literatura moderna española. Pero el amargo asesino y espadachín creado por Arturo Pérez-Reverte a lo largo de una triunfal serie de cuatro novelas (la quinta, El caballero del jubón amarillo, aparecerá en noviembre) va a dar el salto a la gran pantalla, lo cual promete añadir más fama a su currículo. Agustín Díaz Yanes ha terminado ya el guión de la versión cinematográfica que retratará al justiciero del imperio español, y la película (que dirigirá él mismo) se empezará a rodar en septiembre de 2004 con un presupuesto de 20 millones de euros y un reparto internacional y masivo que todavía no está atado del todo. Esta semana, Pérez-Reverte y Díaz Yanes (que ha escrito también el guión de La Reina del Sur, aunque ése se rodará en Estados Unidos y no lo dirigirá él) se reunieron a petición de este diario y dialogaron con una mezcla de humor, erudición y entusiasmo sobre la historia de España y la esperada llegada de Alatriste al celuloide.

Pregunta. ¿Cómo surgió la colaboración? ¿Se conocían de antes?

Pérez-Reverte. Yo le conocía a él de las pocas películas que ha hecho, y le admiraba mucho.

Díaz Yanes. Nos conocimos antes de que me ofrecieran hacer el guión, cenando en San Sebastián, y nos caímos bien. Pasaron dos o tres años, me llamó su productor, Antonio Cardenal, para hacer el guión de La Reina... y, según lo terminé, me llamaron para darme la grata noticia de Alatriste.

P. Y tragó.

D. Y. Y tragué, claro,

P.-R. La historia no es ésa. Cardenal le encasquetó el guión de La Reina... para que también lo dirigiera, y cuando acabó ese guión se me ocurrió que hiciera también el de Alatriste. Tano era la persona ideal. Es historiador, cosa que poca gente sabe, ha leído mucho, es un tío culto, sabe lo que es Lepanto, el Conde Duque [de Olivares] y el Siglo de Oro, se puede hablar con él de cualquier cosa. Así que cogió Alatriste, se lo empapó, nos dio una escaleta del guión y Cardenal se cagó vivo. Pensó que iba a ser una lata interminable, porque Tano cogió las cinco novelas y construyó la historia con ellas.

P. ¿Las cinco?

D. Y. Bueno, en principio las cuatro primeras, pero luego Arturo me iba pasando capítulo a capítulo la quinta. Yo tenía el problema de que quería contar toda la vida del personaje, cosa que Arturo todavía no ha hecho, porque sólo ha contado de 1616 hasta 1624, aunque ha ido dando pistas sobre lo que le pasará de mayor...

P.-R. ¡Eso se llama prolepsis!

D. Y. ¡Eso, prolepsis, sí!

P.-R. Anunciar cosas del futuro del personaje. Tano me pidió permiso para llegar hasta 1643, que es cuando Alatriste muere en Rocroi [sangrienta batalla entre las tropas francesas y los tercios españoles llegados desde Flandes, que acabó con la histórica derrota española y la muerte de 8.000 de sus hombres]. Y no tuve más cojones que decirle que sí. Así que él iba sacando de lo ya escrito, pero además quedábamos y le contaba más cosas, y así fuimos desarrollando el personaje.

D. Y. Su vida completa.

P. ¿Entre los dos?

P.-R. No, la verdad es que yo intervine muy poco. El problema con las adaptaciones no es que la película se parezca al libro, sino que capte el espíritu del personaje, y enseguida me di cuenta de que Tano había asumido perfectamente su amargura, había entendido que Alatriste es un hijo de puta en un país de hijos de puta, un asesino pero con sus códigos de honor propios. No quería que Alatriste fuera un espadachín saltarín, sino un tipo oscuro y digno a su manera. Además, la película debe tener acción, claro, y tiene una acción impresionante, pero Tano no ha caído en el miedo que yo tenía: no se recrea, tiene hallazgos cojonudos pero sigue adelante con mucho ritmo, narra la aventura con mucha lucidez, y hace una radiografía de lo más oscuro y luminoso de la España del XVII. De la de entonces y de la de ahora.

P. ¿Se parecen tanto?

D. Y. En la facultad de Historia siempre nos decían que la España del XVII era igual a la del XX, y ahora vemos que a la del XXI lo sigue siendo. Es fácil encontrar concomitancias sin forzar mucho la mano, y aunque yo no soy el más indicado para decirlo, la película se ve como un reflejo de la sociedad de ahora. Alatriste es un héroe moderno, esa cosa estúpida que se dice tanto ahora.

P.-R. Me gusta mucho que el guión explique la España actual, leyéndolo se entienden muchas cosas. Pero la verdad es que al principio Tano estaba acojonado...

D. Y. Es que todo el mundo ha leído Alatriste. Salvo la gente del cine, que es otra cosa, todo el mundo tiene su protagonista, su ambientación, su reparto ideal. Los del cine se limitan a decir: "¿Pero tú crees que eso se puede llevar al cine?". "¿Lo harás muy bien, no, como los ingleses?".

P.-R. "¡Esa peli no la puedes levantar, es carísima!".

D. Y. La verdad es que fue complicado escribirla, estuve cinco meses en ello, pero me lo pasé muy bien.

P. ¿Y qué cosas creen que permanecen en la España de ahora de la del siglo XVII?

P.-R. La mala leche, la envidia, la violencia. España sigue siendo un país de gente muy violenta. Si tuviéramos licencias de armas como los estadounidenses, la gente se mataría en los semáforos por una discusión de tráfico. Antes sacaban la espada a la primera, ahora sacarían la pipa. Es un país puteado por sus reyes...

D. Y. Por sus curas...

P.-R. Y por sus ministros. Un país de una mala leche antigua.

D. Y. Y la estratificación de clases sigue siendo igual. Por ejemplo, ser ministro de Asuntos Exteriores sin tener un apellido compuesto es imposible.

P.-R. ¡Yo podría serlo!

D. Y. ¡Yo no! Pero el caso es que sigue habiendo la misma merdé que en el XVII.

P.-R. Por ejemplo, el afán de aparentar. Antes era ser hidalgo, salir con espada a la calle para fardar, no trabajar, no pagar impuestos, tener un coche de caballos; ahora siguen sin pagar impuestos pero tienen un Mercedes...

D. Y. Lo cumplen a rajatabla...

P. ¿Y todo eso está en el guión?

D. Y. Se trataba de sacar todo eso en un guión de 110 páginas. Por eso yo creo que los guiones tienen que leerse como novelas, en vez de destruir las buenas novelas.

P.-R. ¡En eso tengo yo bastamte experiencia! Soy realmente un especialista en que me destrocen las novelas en el cine. La mejor película, yo creo, es El maestro de esgrima, de Pedro Olea. Entiende bien el personaje, y a partir de ahí desarrolla la película.

D. Y. Lo captó muy bien, sí.

P. Y el hecho de que el guión de la película llegue hasta la muerte de Alatriste, ¿no condiciona la escritura de las próximas entregas?

P.-R. No creo. Lo que sí hacen esos 20 años es permitir a Tano jugar con la decadencia del imperio. Está bien que se sepa que España fue la primera potencia mundial, como lo es ahora Estados Unidos, que dominó la lengua, la economía, los ejércitos, que tuvo acojonao incluso al Papa, lo cual me parece bien. Pero es mejor que se vea también cómo fue la caída, porque en esos 20 años hubo traiciones, amistades rotas, más mutilados, más mendigos, una vida más oscura... Ese desmoronamiento físico y moral del imperio está muy bien reflejado en el guión y da más profundidad a la película.

P. Y supongo que también más presupuesto. ¿Le asusta eso al director?

D. Y. Cuando empezamos, ya sabíamos que había que ambientar bien la época, contar las batallas, enseñar Flandes, Rocroi... Pero el director es siempre un irresponsable nato. Al principio te asusta un poco, pero yo he hecho una película cara y otra barata, y cuando empiezas te da igual todo. Es lo mismo. O eso espero. Más que lo caro que sea, me preocupa que, cuando haces una película cara, en España todo el mundo te mira mal.

P.-R. Pero yo creo que es la primera vez que no hay que insistir a nadie para poner dinero. Todos dijeron que sí a la primera.

P. ¿Y el autor piensa ir mucho por el rodaje?

P.-R. Nunca voy, pero iré algún día. Son todos amigos. El gran desafío era rodarlo en español, y eso, afortunadamente, lo hemos conseguido.

D. Y. Hubiera sido un disparate rodarla en inglés. Patético.

P.-R. Aunque habrá que doblar a algún actor, porque el reparto es francés, español, de Estados Unidos, quizá algún italiano... ¿No?

D. Y. Y algún mexicano, ya me conoces.

P.-R. Aquello era el imperio y no hay que olvidarlo: había gente de todo el mundo. Mexicanos, flamencos, italianos, franceses...

D. Y. Película multilingüe.

P. ¿Rodarán en Toledo?

D. Y. Toledo siempre está bien, pero supongo que también iremos a Andalucía, al estudio, a Madrid, y a Asturias para hacer Flandes.

P. Las batallas...

D. Y. Necesitamos 10.000 extras. Aunque me parece que con eso no llenaremos y tendremos que meter algo digital.

P. ¿Y ha tenido que hacer muchas renuncias por el metraje?

D. Y. No, me hubiera gustado mucho sacar un episodio de la segunda novela, enseñar mejor la Inquisición, y aunque sale un poco el gran inquisidor, lo tuve que dejar ahí porque me hubiera ido a las seis horas. Y queremos que dure dos horas y cuarto.

P. ¿Creen que tendrá el Alatriste del cine más gancho aún que el de las novelas?

P.-R. Es un error vincular películas y novelas. La novena puerta, de Polanski, basada en El club Dumas, fue un pelotazo de taquilla, pero la última parte no tenía nada que ver con la novela. Quizá porque me han dado muchas leches en el cine, me gusta pensar que la película es independiente. A veces, fijarse mucho en la novela lastra, perturba y dificulta al espectador de cine. El talento de Tano es ése, que ha hecho cine olvidándose de la novela. En las adaptaciones suele haber dos errores: hacer la película de nuevo, de la nada, o ser demasiado fiel. Y él no cae en ninguno de los dos extremos.

D. Y. Ya veremos. Esperemos que funcione el método Coppola. En el DVD de El Padrino explica cómo se metió en la novela. Dice que iba pegando páginas en un cuaderno muy grande, subrayando lo que le interesaba y tomando notas. Yo lo hice igual, y me sirvió mucho. Es un método fantástico, luego das un vistazo a los apuntes y, como Alatriste es una saga, ves la película entera.

P.-R. Pero te diste una paliza de cojones.

D. Y. Sí, estuve un poco obsesionado, la verdad. Así que ya no lo toco más hasta que empiece a trabajar con los actores. Ellos son los que mejor cambian los guiones. Porque si un guión lo retocas mucho o lo tocan otros guionistas, pasa lo que pasa, que Alatriste, en vez de ser un hombre, acaba siendo una mujer.

P.-R. Yo, desde luego, no toqué nada, ¿eh? Sólo una palabra.

D. Y. Sí. Señora por excelencia. Soy nulo para los tratamientos.

P. ¿Y ha sido difícil trasladar el lenguaje del Siglo de Oro?

D. Y. Es como el de Arturo, pero rebajándolo un poco para que el que lo escuche se meta en la época, pero lo entienda. El único límite era no usar palabras posteriores al XVIII, y de eso se ha cuidado el Covarrubias.

P.-R. Menos la escena de la cárcel, cuando hablan en germanía. Eso habrá que subtitularlo.

D. Y. Sí, oyendo tu discurso en la Academia me di cuenta de que eso hay que subtitularlo.

  • Alatriste, la película
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