Textos sobre Pérez-Reverte | Web oficial de Arturo Pérez Reverte http://www.perezreverte.com Tue, 26 Sep 2017 00:17:05 +0100 FeedCreator 1.7.2 La Reina del Sur: el poder de un libro http://www.perezreverte.com/articulo/sobre-perez-reverte/614/la-reina-del-sur-el-poder-de-un-libro/ (En 2004 entré a dar clases a una prepa que intentaba ofrecer oportunidades a jóvenes que no habían encontrado cabida en el saturado sistema educativo de educación media superior de la Ciudad de México. Me encontré con muchas historias, todas interesantes, muchas trágicas. También me encontré con Beatriz Benito, una estudiante que lo volvía a ser en una segunda oportunidad y con una vida complicadísima, en comparación con la de la mayoría de los estudiantes de prepa. Cuando ella estaba a punto de claudicar, recordé que yo había leído una novela en donde se hablaba de una mujer que había conseguido superar su condición a partir de la lucha constante y el enfrentamiento a los obstáculos. Se la regalé. Nunca me imaginé que ese libro le cambiaría la vida. Tanto así que su ensayo de postulación para certificarse (en el lugar en el que trabajo los estudiantes están obligados a presentar una especie de tesis) giraba alrededor del personaje central de la novela y la relación con el proceso del camino del héroe descrito por Joseph Campbell. Pero lo más importante, desde mi punto de vista, no fue el análisis literario de la obra, sino el testimonio de la forma en que la novela había influido en su vida. Les dejo acá la parte final de su trabajo).

Las Teresas de Beatriz


Beatriz Benito

Fragmento de

Teresa Mendoza: épica de una guerrera (Análisis del personaje de Teresa Mendoza y su perseverancia heroica en la novela La Reina del Sur de Arturo Pérez-Reverte)

Hay gente que sueña y que se resigna sólo a soñar y gente que sueña y que además, pone un pie delante del otro y camina para hacer realidad sus sueños.
Arturo Pérez-Reverte



Cuando voy por la calle no hago más que mirar y consolidar una idea que surgió a partir de conocer la vida y transformación de Teresa Mendoza; toda mujer que veo es digna guerrera, cada una vive su propia épica, fragmentándose, aniquilando los restos de vidas pasadas. Pienso que uno nunca es la misma persona del pasado, del presente, ni siquiera del futuro. Cada vida, cada rostro, aunque ajeno, es una pieza de un inmenso rompecabezas que se une al pasar el tiempo; como al tener viejas fotografías con el objeto de recordar. Como decía Teresa Mendoza, "[completar las fotografías] con el resto de nuestras vidas".[1] Siempre hay transformaciones o mutaciones extrañas en la vida que hacen desaparecer cualquier vestigio de lo que...

Sigue leyendo]]> Web oficial de Arturo Pérez Reverte Mon, 01 Aug 2011 23:00:00 +0100 Alatriste: el clásico, los clásicos http://www.perezreverte.com/articulo/sobre-perez-reverte/496/alatriste-el-clasico-los-clasicos/ Ensayo. No basta decir que el Pérez-Reverte de Alatriste (o el Alatriste de Pérez-Reverte) es ya un clásico: conviene precisar que lo es por más de una razón.

En su inmoderada y zigzagueante admiración por Quevedo, creía Jorge Luis Borges que si a don Francisco no acostumbraba a otorgársele el rango que le correspondería entre los supremos escritores europeos era porque no había creado ningún personaje de veras memorable. Cierto: los nombres de los grandes escritores van con especial frecuencia asociados a los de unos héroes de ficción; y cuando no es así, como ocurre sobre todo con los poetas, el autor mismo acaba por ser contemplado como personaje. Cervantes es don Quijote; Quevedo, el jodido cojo de las chocarrerías que constituyen la parte menor de su literatura.

El reverso de la medalla está en que la vinculación de un escritor con un determinado personaje hace a menudo que el resto de su obra quede un tanto ensombrecido. Con toda justicia, el capitán Alatriste ha alcanzado una notoriedad sin parangón, hasta el punto de ser la única figura de la novela española de los últimos tiempos que se deja identificar en cualquier versión gráfica no ya por los rasgos físicos y la indumentaria, sino hasta por la mera silueta. No por ello concluirá nadie de buen criterio que los de Alatriste sean los libros de más valor o mayor envergadura de Pérez-Reverte. (El reciente Un día de cólera, sin ir más lejos, se me antoja un logro absoluto). Pero el dato subsiste: a ojos de los más, Pérez-Reverte es en primer lugar el creador de Alatriste.

Un clásico no sólo es, sino que también está: está en el repertorio de iconos y referencias, en l'imaginaire común a una infinidad de lectores. Por calidades novelescas y por presencia pública, el capitán de Reverte es, pues, un clásico. Pero lo es además, de otra manera, por la formidable medida en que el relato de sus aventuras se hace eco de los clásicos españoles por excelencia. La literatura del Siglo de Oro, en efecto, está presente por todas partes y en todas las formas: aludida, aducida, presentada en acción, incorporada a la fábula, como trasfondo tácito... Alatriste lleva consigo "todo el Rivadeneyra y aledaños". Y con la literatura, la vida, la historia pequeña y la gran historia de la España de entonces, en una interpretación personal (no siempre es la mía) pero no tramposa.

Digámoslo claro: nunca se agradecerá bastante a Reverte haber hecho entrar a tantos lectores en esa literatura y esa historia cautivándolos con...

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Web oficial de Arturo Pérez Reverte Fri, 22 May 2009 23:00:00 +0100
Pérez-Reverte: El lector de batallas http://www.perezreverte.com/articulo/sobre-perez-reverte/338/perez-reverte-el-lector-de-batallas/ Vestido de negro, con camisa blanca, abierta, subió de un salto al estrado, le devolvió a su presentador, el crítico José María Pozuelo Yvancos, su móvil y un bolígrafo que éste se había dejado sobre la mesa, y se lanzó a dar mandobles; no dejó títere con cabeza Arturo Pérez-Reverte. Contra esto y aquello, parecía el Capitán Alatriste, aunque alguna vez tuvo ráfagas de El pintor de batallas, su creación más melancólica y, si esto se puede decir, más tierna, más interior, más reposada.

Fue la última sesión del ciclo Lecciones y maestros. Pérez-Reverte fue precedido en la serie por Mario Vargas Llosa (que habló de sí mismo como un contador de historias), y por Javier Marías (que al fin y al cabo se calificó de la misma manera). Y Arturo hizo lo propio, "soy un contador de historias", cuando le tocó referirse a la pasión que va con él desde que nació para la lectura. Y nació pronto, a los seis años, junto a una biblioteca enorme, la de su familia; fue una suerte y un desafió; se leyó todos los libros, y lo hizo con denuedo, entrando en ellos como si le fuera la vida en la lectura. Hace unos años le pidió su amigo Julio Ollero, editor, que le escribiera una lista con sus cien libros preferidos, "y resultó que casi todos los leí antes de cumplir los veinte años".

Esos libros, en los que están desde Robert L. Stevenson hasta Mika Waltari o Agatha Christie, y en fechas más recientes John Le Carré y hasta Ken Follett, hicieron de Pérez-Reverte un lector, y sobre todo un lector de batallas, "un best seller europeo", como dijo el periodista Sergi Vila Sanjuán. Los especialistas que hablaron de su obra, después de su discurso, ahondaron en esa experiencia del autor de El maestro de esgrima, como hizo el presentador, Pozuelo Yvancos. Ese bagaje de lector le quitó a Pérez-Reverte la timidez del autor, que en la época en la que él nació a la escritura (y fue, dijo, un escritor tardío) estaba casi obligado a escribir más como Julio Cortázar o como Juan Benet que a escribir batallas como las que había leído.

El discurso de Pérez-Reverte fue una reivindicación de ese origen de su vocación, que tiene su emblema. Cuando aún no...

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Web oficial de Arturo Pérez Reverte Tue, 17 Jun 2008 23:00:00 +0100
Quevedo y Alatriste http://www.perezreverte.com/articulo/sobre-perez-reverte/302/quevedo-y-alatriste/ A siete de diciembre, víspera de la Concepción de nuestra señora, a las diez y media de la noche, fui traído en el rigor del invierno, sin capa y sin una camisa, de sesenta y un año, a este convento Real de San Marcos de León, donde he estado todo el dicho tiempo con rigurosísima prisión, enfermo por tres heridas que con los fríos y la vecindad de un río que tengo a la cabecera se me han cancerado, y por falta de cirujano y no sin piedad, me las han visto cauterizar con mis manos [...].

Los que me ven no me juzgan preso, sino con mucho rigor justiciado: por esto no espero la muerte, antes la trato; prodigalidad suya es la que vivo, no me falta para muerto sino la sepultura, por ser el descanso de los difuntos.

Todo lo he perdido [...] ninguna clemencia puede darme muchos años, ni quitarme muchos años algún rigor. (Astrana 1946: 429-431)

Esto escribía el 7 de octubre de 1641, un Quevedo desesperado, tras un año y diez meses de prisión (ejecutada su detención con precipitada entrada por la noche en su alojamiento, que era propiedad del Duque de Alba, quien la tenía alquilada al de Medinaceli, donde se hallaba hospedado, el 7 de diciembre de 1639). Todavía había de durarle dos años más, puesto que estuvo allí tres años y ocho meses, en el que hoy es un Parador Nacional y era ya uno de los monumentos más bellos de España, pero en la época también un frío convento, a la orilla del río Bernesga, en la frialdad de León.

Hasta un día que no podemos precisar de junio de 1643 en que recobra la libertad, uno de los más grandes escritores de España, ha vivido sin juicio, sin acusación concreta, un encarcelamiento, que según nos dice en el Prólogo a La caída para levantarse: "estuve preso cuatro años, los dos como fiera, cerrado, solo en un aposento, sin comercio humano." (Jauralde 1999: 762).

Mucho tiene escrito Quevedo, pero les aseguro que la lectura del Epistolario escrito desde la cárcel contiene algunas de las más desgarradoras páginas salidas de su pluma, dirigidas al padre Pedro Pimentel, a don Francisco de Oviedo, y lo que es más humillante, como el texto con el que he comenzado esta ponencia, al propio Conde Duque, causa de su prisión, pidiéndole clemencia.

No se recuperó ya de esto su quebrantada salud. Quevedo dejó de ser el mismo. Retirado a la paz de sus desiertos, con pocos pero doctos libros juntos, en la Torre de Juan Abad, viviría desde entonces realmente ya en conversación con los difuntos, porque las consecuencias sobre su cuerpo y alma de este episodio resultaron fatales. Él mismo lo refiere....

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Web oficial de Arturo Pérez Reverte Fri, 30 Nov 2007 00:00:00 +0100
Lenguaje corporal en El capitán Alatriste http://www.perezreverte.com/articulo/sobre-perez-reverte/301/lenguaje-corporal-en-el-capitan-alatriste/ El lenguaje corporal, término acuñado recientemente, está en realidad presente a través de la historia; en la época clásica, por ejemplo, se encuentra en la obra de Séneca, La ira (Korte 1997: 251). En los últimos decenios se habla más del lenguaje corporal tanto a nivel popular como académico y existen muchos estudios que lo investigan en los campos de la psicología, la psicología social, la historia, la sociología, la antropología y la literatura.

¿Qué es el lenguaje corporal? Barbara Korte en su esclarecedor libro Body Language in Literature explica que se trata de "comportamiento no verbal (movimientos y posturas, miradas y contacto de ojos, reacciones automáticas y actuación espacial y táctil) que resulta ‘significativo' tanto en la comunicación natural como la ficticia" (Korte 1997: 3-4). Korte se centra en "la semiótica del cuerpo en movimiento [y] estudia los modos de los cuales la presentación de comportamiento no verbal contribuye al significado y efecto potencial del texto" (Korte 1997: 4).

El primer paso en un estudio del lenguaje corporal en un texto concreto es ser consciente de la importancia del lenguaje corporal en la vida real, tanto en la experiencia individual como social. Todos miramos los movimientos y reacciones de los demás e intentamos mediante la lectura de su lenguaje corporal (y, por supuesto, sus palabras) entender sus sentimientos, pensamientos, actitudes o relaciones interpersonales. En la vida real, el lenguaje corporal está ante nuestros ojos constantemente mientras que en la literatura, que es un arte de selección, aparece con menor frecuencia. En el texto literario, donde todo signo es potencialmente significativo, el lenguaje corporal puede aclarar aspectos de los personajes y de sus interacciones con otros y los espacios en que se mueven. A través de la competencia en la comprensión del lenguaje corporal en la vida real se puede proceder a analizar modalidades corporales en el texto, teniendo en cuenta las condiciones de la situación en que se desarrollan los movimientos corporales. Por supuesto es necesario tener muy presente el lenguaje literario y los aspectos estructurales de los contextos que representan el lenguaje corporal de los personajes.

Al abordar el estudio de El Capitán Alatriste, conviene señalar ciertas consideraciones. Se trata de una novela histórica situada en el siglo XVII y por eso se basa en la recreación de una época y supone una búsqueda de verosimilitud para captar el interés del lector. Otra consideración: El Capitán Alatriste, que pertenece a una serie de entregas, actualmente seis en total, es el primer volumen y por lo tanto...

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Web oficial de Arturo Pérez Reverte Fri, 23 Nov 2007 00:00:00 +0100
Las armas y las letras: El mundo de la cultura en Las aventuras del capitán Alatriste http://www.perezreverte.com/articulo/sobre-perez-reverte/295/las-armas-y-las-letras-el-mundo-de-la-cultura-en-las-aventuras-del-capitan-alatriste/ Uno de los más grandes retos a que se enfrenta todo novelista al crear su obra es el diseño y definición de cada uno de sus caracteres, la manera de presentarlos y dotarlos de rasgos individuales, el modo de situarlos en un entorno apropiado y el saber hacerlos, si no atractivos, al menos claramente convincentes para el lector. Y es que estos personajes son decisivos para retratar el tipo de sociedad que se nos va a presentar a lo largo de la narración y encarnan los valores éticos y sociales que, incluso sin intentarlo, van a traslucirse a través del texto, y la vigencia y atracción que van a irradiar sus mensajes. Parece ser que uno de los rasgos más notables de esta serie novelesca es, como se sabe, la desmitificación de todo heroísmo y de los mismos enfrentamientos bélicos, que han sido objeto de tantos cantos y poemas épicos desde tiempos remotos dentro de la cultura occidental. Arturo Pérez-Reverte, tras sus tremendas experiencias como reportero y testigo de las más crueles guerras de nuestro tiempo (Líbano, Sudán, Mozambique, Angola, la primera guerra del golfo, Croacia, Bosnia, etc.), "se propone erradicar el germen romántico del heroísmo". Lo que él ve en las guerras es sangre, muerte y destrucción; no llega a vislumbrar ninguna aureola o resplandor de gloria en los que valientemente luchan por una causa ni tampoco en sus víctimas. Como dice Philippe-Jean Catinchi "il n'y avait pas la moindre trace de gloire sur le soldat que gémissait, la tête bandée et la figure dans les mains." Incluso el narrador Íñigo, que con la mirada inocente de sus jóvenes años admiraba en el capitán Alatriste a un Aquiles, un Héctor o un héroe homérico, con el tiempo va adquiriendo una visión más sobria y profunda, que también es más amarga. Como dice el propio Pérez-Reverte en una entrevista con Juan Cruz: "Alatriste es Ulises sin Ítaca a la que volver bajo un cielo sin dioses". Es la total desesperanza.

Pero el novelista no es sólo un forjador de historias de ficción, es también un artista, un creador de mundos de belleza que él va construyendo mientras recurre a los más variados elementos. A lo largo del relato el narrador tiene que ganarse al lector, deslumbrarlo y arrastrarlo hacia un ambiente de magia y belleza que lo sobrecoja y predisponga para aceptar la realidad de los personajes y de la acción. El lector ha de quedar prisionero de esa voz narrativa que le va poniendo ante sus ojos y va sugiriendo a su imaginación escenas atractivas o irresistibles. Veamos como ejemplo este cuadro que hallamos al principio de El caballero del jubón amarillo:

La reina era bellísima. Y francesa. Hija del...

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Web oficial de Arturo Pérez Reverte Wed, 21 Nov 2007 00:00:00 +0100
Alatriste en el corral de comedias http://www.perezreverte.com/articulo/sobre-perez-reverte/299/alatriste-en-el-corral-de-comedias/ Diego Alatriste, ese falso capitán de Flandes que se mueve por las calles del Madrid de los Austrias menores, por una Corte en cuyo horizonte empezaba a ponerse el sol como en cualquier nación europea, Diego Alatriste, digo, deambula por una serie de decorados tan reconocibles como veraces. Este oscuro personaje anda desde la Puerta de Toledo a los límites del Buen Retiro, desde la calle del Lobo hasta las huertas del Duque o de Juan Fernández, desde la cuesta de la Vega al sombrío callejón de Cantarranas. La geografía urbana de ese soldado que luchó en la toma de Mastrique es la más variopinta y real que el lector puede suponer. Su autor, y mentor, bien que se documentó para lograr esa sensación tan grata que es creer que todo lo que pasa pudo haber sido cierto, aunque el lector sabe que no es más que una mentira con coloratura de verdad. Su autor, y mentor, sigue y persigue esa técnica que trajera a la castellana lengua aquel monstruo de la narración por buen nombre Benito Pérez Galdós, que no es otra que la de mezclar ficción con realidad. Como veremos a continuación, no es ésta una fórmula circunstancial, sino que se repite a lo largo de la serie con implacable regularidad.

De ahí que veamos caminar a Diego Alatriste por los rincones más reconocibles del callejero madrileño, como son el Alcázar Real, las iglesias de San Ginés y San Sebastián, el Carmen Descalzo, las gradas de San Felipe y, cómo no, los corrales de comedias que por aquellos años veinte del décimo séptimo siglo acaparaban la atención de propios y extraños. Precisamente aquí acercaremos nuestra lupa de la curiosidad, pues bien que se puede decir que el autor, y mentor, de este funambulesco personaje está muy al tanto de la vida teatral de esa ciudad, de esa sociedad y de ese país. No es raro, pues España vivía pendiente del quehacer de cómicos y poetas; y en un país en donde la miseria y la podredumbre empezaban a sustituir a las glorias imperiales, se daba enorme importancia a un estreno del Fénix de los Ingenios o a una reposición del fraile Téllez, oculto en el patronímico Tirso de Molina. Habría de pasar muchos años, siglos, para encontrar una efervescencia social similar, con un malhadado juego que consiste en introducir una pelota en un espacio flanqueado por una red. Así son las cosas, y en una nación en la que el índice de alfabetización era bajísimo, la gente se entretenía oyendo décimas o redondillas en espacios otrora dedicados al cuidado de gallinas y capones. Ésta es la gran paradoja de la cultura española del llamado Siglo de Oro: que ignorantes absolutos de rimas y leyendas...

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Web oficial de Arturo Pérez Reverte Wed, 21 Nov 2007 00:00:00 +0100
El compromiso ineludible del capitán Alatriste: reivindicación filológica y literaria de la saga http://www.perezreverte.com/articulo/sobre-perez-reverte/300/el-compromiso-ineludible-del-capitan-alatriste-reivindicacion-filologica-y-literaria-de-la-saga/ Confieso que el comienzo de El capitán Alatriste me enganchó de inmediato. Se cumplía aquella máxima de Cecil B. De Mille: "una película debe comenzar con un terremoto y de ahí para arriba". Su primera frase es antológica: marca el carácter de su personaje, define el estilo de la novela y advierte precisamente sobre el tono moral de lo que vamos a leer: "No era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero sí era un hombre valiente." (Pérez-Reverte 1996: 11). Terminado el libro, se percibe que, verdad es, no parece el más honesto, pero también es cierto que si tiene que matar, robar o mentir por unos ideales, por una necesidad o por un amigo, este tipo, cuyos principios y valores se orean en las cicatrices de su piel, no dudaría en hacerlo. Su catadura moral es, pues, peculiar, por no decir dudosa, pero humana, y acorde con los años y el lugar que le ha tocado habitar, y resistir. En esas estábamos, hasta el mes de septiembre de dos mil cuatro. Recuerdo que, por aquellas fechas, andaba yo releyéndome El oro del rey, por la que siento especial devoción, a la espera de la anunciada aparición en octubre de Cabo Trafalgar, siguiente novela de Arturo Pérez-Reverte. Lo recuerdo bien porque aquellas calurosas jornadas coincidieron con el Fórum de Barcelona, donde sabía que iba a intervenir el escritor cartagenero. Y lo recuerdo aún mejor porque, terminándome la citada cuarta entrega, leí un artículo del propio Pérez-Reverte, inmediato a su participación en el Fórum, en el que se había tratado el compromiso moral y social del autor con su obra, que, confieso, me hizo sentir un inesperado escalofrío. Inesperado porque su contribución al debate había sido firme, lúcida y, como es habitual en él, valiente, llamando a las barras de pan, pan, y a las botellas de vino, vino: no se cortó un pelo al expresar que "el compromiso moral no es un ingrediente necesario dentro de la receta de la literatura, puesto que hay perfectos hijos de puta que escriben muy bien", y apuntó también que "las únicas normas de la literatura son sujeto, verbo y predicado". Tras semejante declaración de filosofía literaria y límpido compromiso con la verdad, el único al que, en mi opinión, se debe el escritor, yo me quedé tranquilo y me dije: ¡este es mi Arturo! Coherente como siempre: a decir verdad, no esperaba menos del autor que tuvo los redaños de escribir la biografía más o menos novelesca de una narcotraficante, sin una sola concesión legislada a la moral, sin falsos rellenos y felizmente ajeno al qué dirán las instituciones sociales y culturales tan políticamente correctas -terminacho...

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Web oficial de Arturo Pérez Reverte Wed, 21 Nov 2007 00:00:00 +0100
Alatriste, capa y espada http://www.perezreverte.com/articulo/sobre-perez-reverte/296/alatriste-capa-y-espada/ Soy un fan irredento de Alatriste en cuanto saga y en cuanto que supone la resurrección de un subgénero narrativo, el folletín, que está en el centro de mis intereses como lector desde que comencé a serlo en serio, hace casi cincuenta años. Alatriste es un folletín. ¿Y qué demonios es un folletín? Veámoslo sin más demora, teniendo en cuenta que el ámbito en que nace, crece y se desarrolla el folletín es, fundamentalmente, francés, y que es en el seno de la literatura francesa del siglo XIX donde hemos de ir en busca de los principales modelos temáticos y estilísticos de la escritura alatristesca, por más que mi admirado Arturo Pérez-Reverte beba en fuentes plurales y diversas, pues para él, como para el personaje de Terencio, «nada de lo humano le es ajeno». Las letras francesas decimonónicas constituyen, por lo demás, un territorio por donde siempre he discurrido con gusto e interés.

Ya en marzo de 1800, el diario francés Le Journal des Débats comenzó a dedicar la parte inferior de cada página, llamada rez-de-chaussée («planta baja») o feuilleton («folletín»), a temas de crítica literaria, teatral y musical. A partir del 1 de julio de 1836, las cosas iban a cambiar. Fue entonces cuando los empresarios Émile de Girardin y Armand Dutacq lanzaron de manera simultánea Le Siècle y La Presse, ofreciendo suscripciones a mitad de precio y aumentando considerablemente el número de anunciantes. Para granjearse aún más el favor de los lectores, a Girardin se le ocurrió publicar en la «planta baja» de su periódico, y a lo largo de varios números, una novela completa. Había nacido el folletín, tal y como lo entendemos hoy. La primera novela que se publicó de este modo, entre el 23 de octubre y el 30 de noviembre de 1836, fue La vieille fille, de Balzac.

Poco a poco, la «planta baja» va especializándose en obras de ficción: de septiembre a diciembre de 1837, Le Siècle publica unos capítulos de Las memorias del diablo, de Frédéric Soulié (1800-1847), y, acto seguido, una novela completa de Alejandro Dumas, El capitán Paul. El éxito es impresionante, las suscripciones se multiplican. Dumas perfecciona su técnica y publica en 1841, siempre en Le Siècle, su primer folletín histórico, El caballero d'Harmental.

El medio es nuevo y, por lo tanto, las técnicas literarias deberán adaptarse a él. Dumas y sus rivales -Soulié en Le Journal des...

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Web oficial de Arturo Pérez Reverte Tue, 20 Nov 2007 00:00:00 +0100
Personajes singulares de El capitán Alatriste http://www.perezreverte.com/articulo/sobre-perez-reverte/298/personajes-singulares-de-el-capitan-alatriste/ Hace unos años, recién publicado El caballero del jubón amarillo, leía yo el primer capítulo de aquel libro, que empieza contando que "a Diego Alatriste se lo llevaban los diablos", porque "había comedia nueva en el corral de la Cruz, y él estaba en la cuesta de la Vega, batiéndose con un fulano de quien desconocía hasta el nombre" (Pérez-Reverte 2003: 11). Estrenaba comedia Tirso y toda la ciudad estaba en el teatro. Y por supuesto, Íñigo Balboa, sentado junto a Quevedo. Sobre el escenario apareció la actriz María de Castro, "hembra briosa, de buenas partes y mejor cara: ojos rasgados y negros, dientes blancos como su tez, hermosa y proporcionada boca. Las mujeres envidiaban su belleza, sus vestidos y su forma de decir el verso. Los hombres la admiraban en escena y la codiciaban fuera de ella; asunto éste al que no oponía reparos su marido, Rafael de Cózar" (Pérez-Reverte 2003: 25). ¡Rafael de Cózar! -volví a leer-. Porque este nombre no me era desconocido.

Me acordé entonces de algunos soldados que habían peleado con Alatriste en Flandes: el malagueño Curro Garrote, el vascongado Mendieta, el mallorquín José Llop, el aragonés Sebastián Copons, el gallego Rivas. Me pregunté: ¿quiénes son todos estos personajes que conviven con Quevedo, con Góngora, con Felipe IV, con el conde-duque de Olivares, con Lope, Calderón y Tirso, con Íñigo de Balboa, con el capitán Alatriste? ¿En quiénes se inspiró Pérez-Reverte para retratarlos? ¿Podemos identificar a esas personas? ¿Quiénes son esos personajes de hoy que se pasean por las calles del siglo XVII y luchan en los tercios de Flandes junto al capitán Alatriste?

La serie de novelas protagonizadas por Alatriste es un magnífico fresco narrativo de la España de los Siglos de Oro. Así lo ha destacado siempre la crítica, porque es evidente. En esos libros están los personajes, los ambientes, la monarquía, la Iglesia, la guerra, el teatro, el lenguaje de aquel tiempo. Ésa fue la intención del autor cuando comenzó a escribir esta serie, como declaraba en 1997: "A través de él [Íñigo Balboa] y del personaje cuya historia nos narra [Alatriste], he querido intentar que se entienda la España de verdad, la de ahora y la de siempre, con lo bueno y lo malo y lo oscuro, que aún fue más" (Pérez-Reverte 1997).

Pero hay un aspecto de esos libros que no siempre se ha destacado como se merece. Arturo Pérez-Reverte ha dicho del capitán Alatriste que lo inventó "para cumplir con un propósito, todavía no sé muy bien si...

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Web oficial de Arturo Pérez Reverte Tue, 20 Nov 2007 00:00:00 +0100