Críticas | Web oficial de Arturo Pérez Reverte http://www.perezreverte.com Sat, 04 Feb 2012 11:38:26 +0100 FeedCreator 1.7.2 Autobiografía desesperanzada http://www.perezreverte.com/articulo/criticas/639/autobiografia-desesperanzada/ En un reciente texto del periodista y escritor Jesús Marchamalo sobre la biblioteca de novelistas y poetas españoles, se nos informa sobre los libros que guarda Arturo Pérez-Reverte, entre otros autores, en la suya como tesoros irrenunciables. No faltan Dumas, Scott, Stevenson, Balzac, Dickens, Eugène Sue y Galdós, etcétera. Nombres ilustres en sus diversas tendencias (desde la novela romántica, pasando por el folletín y llegando al realismo). Referencias sustanciales con las que Pérez-Reverte ha forjado las líneas maestras de su literatura. Hay autores españoles del siglo XVII, algunos de los cuales salen con programática puntualidad en su serie del capitán Alatriste, como Quevedo, Lope de Vega o Cervantes. Comparten territorio Conrad, Ortega, Chandler, Vidas paralelas de Plutarco, Patricia Highsmith y Thomas Mann, una lista ecléctica, como si constituyeran el paradigma de nuestro tiempo. Pero luego hay otros autores que, leídos o no, están condenados a su más severa indiferencia u olvido, como él mismo reconoce: se trata de nombres como Perec, Auster y Bolaño. No registro esta circunstancia para reconvenir al autor de El maestro de esgrima, sino para indicar que las filosofías compositivas de algunos autores se hacen con los que se admira y también con los que se condena al desván de los repudiados. Así ha armado Pérez-Reverte su literatura. Hospitalario con los que considera de su raza narrativa y hostil con los que no consigue congeniar. De hecho, el autor de Cartagena comienza a construir un discurso literario muy pegado a la tendencia predominante de la novela española de los años ochenta y noventa: la narración pura, la construcción de tramas muy decimonónicas, y muchas de ellas en el sentido más posmoderno del término. No es casual que por esos mismos años, un teórico de los discursos literarios como Umberto Eco publicase El nombre de la rosa, un texto de ficción a todas luces posmoderno. El club Dumas (1993) es una novela en esa estela, irónicamente intertextual (que diría el mismo Eco), incluso con líneas acusadamente metaliterarias que se cruzan para producir un texto abierto a público diverso (entre ellos la critica), cuando no incluso antagónico.

Volviendo al libro de Marchamalo, cada autor debe, después de desgranar su biblioteca, elegir, de su propia obra, su libro preferido. Pérez-Reverte elige la serie de 'Aventuras del capitán Alatriste'. Argumenta su elección con estas palabras: "Los libros de Alatriste son, quizás, los que me hagan sentir más orgulloso como escritor. Están en los colegios, los...

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Web oficial de Arturo Pérez Reverte Sun, 23 Oct 2011 23:00:00 +0100
Guerra, amor y asesinato http://www.perezreverte.com/articulo/criticas/515/guerra-amor-y-asesinato/ Arturo Pérez-Reverte en plenitud: El asedio tiene fuerza plástica y potencia narrativa. La fluidez entre ambientes y episodios es perfecta. Sus rotundos personajes se cruzan en Cádiz, barco sitiado pero felizmente abierto al mar, espléndido y crepuscular a la vez, el escenario idóneo para que coincidan la disciplina científica de la guerra moderna y el ancestral misterio del crimen.

Sopla el levante en Cádiz y mueve el látigo de un asesino, en 1811, tiempos de guerra. Napoleón sitia una ciudad que, en fatal decadencia poco visible todavía, quiere sobrevivir haciendo nuevo lo viejo. Las Cortes Constituyentes se reúnen en Cádiz, "culo de Europa y úlcera del Imperio, con la maldita España rebelde reducida a una isla inconquistable", según el capitán de la artillería francesa. Caen bombas. Un asesino mata como un carnicero sucio. Se hacen negocios. La gente se enamora. Todo pasa, todo sigue. Es el mundo de El asedio, Arturo Pérez-Reverte en plenitud.

Muchachas casi adolescentes aparecen destrozadas a latigazos, y, puesto que hay un asesino, tiene que haber un policía: el comisario Tizón mira con espanto y frío detenimiento profesional a esas niñas de la edad que tendría su hija, si no se la hubiera quitado la muerte. Descubre una conexión entre dos cosas: las bombas vuelan y el asesino mata a pocos pasos de donde caen. El enemigo más cruel no es el que dispara desde posiciones francesas: está en la ciudad. El policía, habitual ajedrecista de café, ve cómo Cádiz se convierte en tablero. ¿Dónde estallará la próxima bomba? ¿Dónde matará otra vez el criminal? Viejo perro callejero, husmea cada huella, cada indicio, pero, con el colmillo izquierdo de oro, es menos un detective lógico, a lo Holmes, que un sabueso de Serie Negra, con una conciencia instintiva de que la actividad policial guarda más relación con la delación y la tortura que con una investigación científica.

Los rotundos personajes de Pérez-Reverte se cruzan en Cádiz, barco sitiado pero felizmente abierto al mar. Bulle de vecinos, 100.000, refugiados, comerciantes, chusma portuaria, curas, soldados, cronistas, diputados en Cortes. Lolita Palma, soltera, de 32 años, pertenece a la mejor sociedad gaditana. Se sienta en el sillón del padre difunto, al frente de su familia y de la razón social Palma e Hijos. Armadora de buques que trafican con América y Rusia o navegan con patente de corso, podría ser una de esas mujeres de negocios que popularizó Hollywood en los años cuarenta, o una...

Sigue leyendo]]> Web oficial de Arturo Pérez Reverte Mon, 08 Mar 2010 00:00:00 +0100 Rollo de papel continuo http://www.perezreverte.com/articulo/criticas/516/rollo-de-papel-continuo/ Aunque escriba, como todos, en ordenador, la imagen que da Arturo Pérez-Reverte cuando, como en este caso, le reúnen -el crítico José Luis Martín Nogales- un tan numeroso puñado de artículos, es de escribir en una vieja máquina, sólida como un barco de guerra antiguo, en rollo de papel continuo, de aquellos de teletipo que conoció el joven Reverte en las redacciones de antaño. APR colabora desde hace muchos años en El Semanal, el dominical colorín de un buen número de periódicos de todas las Españas. "Escribo con tanta libertad que me sorprendo que me dejen", confiesa, y con esa misma libertad le leemos, sin tener por qué estar de acuerdo en todo, pues si con nada ni con nadie se puede estar siempre de acuerdo en todo, ya me dirán con este espadachín de contundente acero toledano que da mandobles aquí y allá, desventra pellejos de falsas crianzas y mantea todo lo manteable con la sola fuerza de sus encolerizadas manos y recurriendo de paño a esta vieja piel de toro, llena de costurones y manchas de sangre reseca, y casi todo, en el teatrillo nacional, es objeto de zarandeo. Haberle leído antes, el que lector suyo semanal se confiese, te permite hacer una pausa, respirar, compartir opinión o disentir de ella; otra cosa es -y he descubierto que resulta placentero- leerlos de corrido, con rollo de papel continuo, página a página, denuesto a denuesto, los dos centenares. ¿Denuesto a denuesto? Maticemos. A mí me parece espléndido, por ejemplo, el artículo -casi un relato- del atracador de un euro en Cádiz; me parece que cuando escribe -sin ser crítico literario, advierte, y atraviesa con su acero a Umbral, pero también a "un tal García-Posada": quién sabe qué factura se cobró ese domingo- sobre Scott Fitzgerald le brillan -especialmente- los ojos. Y, desde luego, cuando sale a la mar: en estos casos, sus y a ellos, pardiez: expresión esta última inusual en el periodismo del siglo XXI, que la tengo anotada en la página 178. Le brillan los ojos, sí, si habla de barcos -fantasmas o no-, de almirantes, de héroes de Trafalgar. Este lector no tiene pariente próximo ni en la clase política (¡no!), ni en el funcionariado (creo), ni (desde luego) en las taifas autonómicas, pero con estos colectivos no deja títere con cabeza, ni con los cantamañanas, ni con los tiñalpas, ni con todo lo que es "socialmente correcto". Contra todo esto, a degüello. Con un par, y en un excelente español, de mucho...

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Web oficial de Arturo Pérez Reverte Mon, 08 Mar 2010 00:00:00 +0100
Arturo Pérez-Reverte entrega un novelón que hace historia sobre el Cádiz sitiado de 1811 http://www.perezreverte.com/articulo/criticas/512/arturo-perez-reverte-entrega-un-novelon-que-hace-historia-sobre-el-cadiz-sitiado-de-1811/ Tras varios episodios nacionales mucho más livianos (en torno a la batalla de Trafalgar y el 2 de mayo), Arturo Pérez-Reverte viaja al sitio de Cádiz, la ciudad que llegó a ser casi el único territorio de la España peninsular no ocupado por Napoleón. Pero en esta ocasión intenta concentrar en más de 700 páginas reconstrucción histórica, misterio policial, cañones y relaciones románticas.

Entre los dignos propósitos de la literatura despunta con poderosa potencia el de reconstruir un mundo, a menudo con afán nostálgico, pero en no pocas ocasiones con la intención latente de entenderlo mejor, apropiándoselo hasta el último detalle significativo. En cuestiones de esa índole, la novela se ha convertido desde sus primeros pasos en estandarte de los esfuerzos más consistentes por llevar a cabo tales indagaciones.

Algunos de estos relatos se amparan en claves compartidas desde siglos por muchos de sus seguidores, y ofrecen acicates que enmascaran intenciones que buscan trascender la anécdota en la que se escudan para poner en pie todo un universo. Pero a veces, solo a veces, el oficio y el genio se conjugan azarosamente para que lo que parecía una revisión de un tiempo pasado se convierta en vibrante exégesis del momento presente, y hasta del porvenir. Es entonces cuando la fidelidad por el detalle se vuelve evidencia de la contemporaneidad. Ahí reside la grandeza de estas obras de arte, y El asedio se cuenta entre ellas.

MUCHOS RELATOS EN UNO / Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) entrega un novelón de los que hacen historia: recrea los pormenores de un tiempo que tiene un temblor actualísimo a la vez que se convierte en compendio de su biografía novelesca, en crisol de los recursos y motivos más queridos por el escritor. Hay aquí muchos relatos y no menos estrategias compositivas, pero ni se trata de relatos-marco de filiación oriental, ni tampoco de trucos cercanos a los fuegos de artificio. El asedio orienta sus pasos con firmeza, a pesar de que el lector pronto se encuentra embebido en una trama múltiple que se nutre de la novela de aventuras con mar al fondo, de la reflexión existencial, de las historias de amor, de la reconstrucción histórica, de la literatura de enigmas, de la tradición positivista, del relato policial, de la novela total.

Mucho ha llovido desde los años 80, pero ya en El Húsar se prefiguraba un modo de sentir lo literario que ha desembocado en oficio de artesano alcanzado por el genio.

Mientras Cádiz se ve asediada por los franceses en 1811 en una acción lineal que traspasa el año de...

Sigue leyendo]]> Web oficial de Arturo Pérez Reverte Fri, 05 Mar 2010 00:00:00 +0100 Pasión de escritor http://www.perezreverte.com/articulo/criticas/513/pasion-de-escritor/ Hay una línea sutil que vincula a los personajes protagonistas de esta excelente novela: todos están embebidos en una pasión que les tiene ocupada la mente y el cuerpo. Rogelio Tizón, el comisario de policía de Cádiz, vive para resolver el extraño caso de las muchachas jóvenes asesinadas a latigazos, y si eso tiene que ver con las bombas caídas en el mismo lugar. Es como un jugador de ajedrez, su gran afición, estudiando el movimiento de las piezas, sin descansar hasta ganar la partida. Simón Desfosseux, el capitán francés que dirige la artillería de las tropas napoleónicas sobre la ciudad de Cádiz, estudia una y otra vez las parábolas, los materiales, el viento, obsesionado por perfeccionar su técnica. Lolita Palma, la naviera que dirige una compañía comercial heredada de su padre, vive dedicada al comercio, al que entrega lo mejor de una juventud que comienza a dejar de serlo. Y Pepe Lobo, el marino contratado por ella como corsario, empeña todo, incluso la vida, en la suerte de su misión, más allá de su desengaño.

Cuando el lector va siguiendo a estos personajes, sobre todo si conoce los títulos anteriores de Arturo Pérez-Reverte, se da cuenta de que también su autor realiza en esta novela una gran pasión, la del novelista que la ha concebido como un desafío al que entrega lo mejor de sí.

En vilo hasta el final. Parece como si Pérez-Reverte llevara años preparando El asedio, puesto que buena parte de su obra anterior confluye en esta novela: hay intriga por resolver un caso que mantiene en vilo al lector hasta el final; hay investigación pormenorizada, con libros de época donde cada información sobre viajes, sobre artillería o sobre botánica y especias ha sido contrastada; hay aventuras personales, en la indagación psicológica de la docena de personajes protagonistas. A lo que hay que añadir el ambiente de las calles sorprendidas en su luz, y olor, en distintos momentos y barriadas.

Dejo para el final decir que esta novela vuelve al dominio e interés creciente de Pérez-Reverte por el lenguaje, que ha sido cuidado con precisión de orfebre. Las formas de hablar de cada personaje, los proverbios o sentencias han merecido tanto cuidado como el que pone en cada objeto, que viene a la novela con su término cabal.

Sobre todas las cosas hasta aquí enumeradas, domina en El asedio otra pasión, la que el novelista consigue trasmitir por una ciudad: Cádiz. No es una ciudad como otra cualquiera. Y no lo es tampoco el momento elegido, 1811-1812, cuando en...

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Web oficial de Arturo Pérez Reverte Fri, 05 Mar 2010 00:00:00 +0100
El ruido de la guerra http://www.perezreverte.com/articulo/criticas/462/el-ruido-de-la-guerra/ Aunque no sería mala cosa, no se hará preciso recomendar que para mayor deleite en la lectura de las nuevas aventuras del capitán Alatriste y su inseparable aprendiz y cronista Íñigo de Balboa se siga aquel consejo de algún sabio sargento que rezaba que "meado y ayuno es como mejor se bate uno". Cámbiese el batir por el leer, porque a veces no estaría de más que también el lector sobrellevara el esfuerzo de recomponer el espíritu de la época como aquí se lleva a cabo, a sabiendas que la situación sería transitoria y que en ningún momento padecería los envites de la malandanza: a este lado del Mediterráneo siempre se está a dos pasos de la cocina.

Con Corsarios de Levante, ya van seis títulos y una decena de años de esta saga áurea de Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) sobre las hazañas del último héroe español del XVII, una época al tiempo caballeresca y feroz en la que las leyes del honor y la honra todavía suponían, entre otras muchas cosas, matar o morir por ellas. Corre el año 1627 y el capitán Alatriste se embarca en La Mulata, galera de 24 bancos, que sirve de vehículo para el corso, motivo para que el alférez vascongado de Oñate Íñigo de Balboa rememore los días levantinos en que volvían del revés puertos y galeras en pos de un botín que las leyes patrias les esquilmaban vilmente. Como acertado fresco de la época, ese narrador que es una de las mejores bazas aprendidas del Lazarillo --la creación del interlocutor/lector--, Íñigo trae a su ejercicio de escritura la nómina de aquella cofradía de galeotes que acompañaron a los protagonistas en los años en que el Mediterráneo era un hervidero de piratas: los peores esclavos, herejes sentenciados, falsarios, azotados, testimonieros, renegados, fulleros, perjuros, rufianes, salteadores, acuchilladizos, adúlteros, blasfemos, asesinos y ladrones del orbe. La lista ya dice que la aventura también es lingüística, poblada del riquísimo lenguaje de germanías y atinada por el reflejo fiel del tránsito de razas y decires de esta charca malfamada que aún es nuestro mar.

De Túnez a Argel, pasando por Orán, Nápoles o Malta, Íñigo y Alatriste rozan el descalabro, emprenden cabalgadas y reafirman su amistad. Les acompañan versos de Cervantes a Quevedo; también les flanqueará el moro Gurriato. Entre turcos endiablados y viajes entendidos como método de conocimiento, la disputa entre las armas y las letras se hace todavía...

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Web oficial de Arturo Pérez Reverte Sat, 06 Jan 2007 00:00:00 +0100
El último Alatriste http://www.perezreverte.com/articulo/criticas/461/el-ultimo-alatriste/ Ya he leído Corsarios de Levante, la última entrega de Arturo Pérez Reverte sobre el soldado español del Siglo de Oro. Ahora le toca el Mediterráneo. El buen marinero que es Pérez Reverte nos lleva desde la Isla de Alborán hasta el cabo Negro, en la costa egea de Anatolia. Es la mejor de todas las novelas alatristinas. Quizá también, si incluimos las otras.

El autor se ha dado cuenta de que había idealizado demasiado a su héroe, y en esta novela, además de hacerlo cansado, héroe cansado, lo hace ordinario y casi despreciable. A ratos. En otros nos devuelve al Alatriste de siempre. Vemos a un capitán Alatriste, borracho en Nápoles, saqueador en Orán y peleado con su ahijado Lope de Balboa, narrador de la serie.

Comienza la novela haciendo un alegato brutal de la expulsión de los moriscos de Valencia y otras partes del reino, por el albor del XVII. Hay páginas que se unirían de grado a los más acerados textos de la leyenda negra sobre la España Imperial. La cabalgada de soldadesca española sobre los pobres beduinos de Orán es espeluznante. Hay, ciertamente, intención del novelista de ajustar cuentas con cierto sentido interpretativo de su serie como halagadora del sentimiento de lo español, acaso en peligrosa cercanía con fundamentalismos ideológicos de lo cavernario. La crueldad de la guerra descrita no obvia a los españoles, antes al contrario, se ceba en ellos como protagonistas, a todo lo largo de la novela.

Excelente y ajustado, realista con donaire, es el retrato del Nápoles del Virreinato, con la tropa española pululando por las calles, junto a toda la mezcolanza de razas de la ciudad partenopea. Lances, juegos, pendencias, lindas tapadas... ocasiones todas propiciadas por el aburrimiento en tanto no llega orden de embarque para utilizar la patente de corso, en pro de la Religión, el Rey y la propia honra.

En sus páginas vemos cómo se ahorca a un inglés, pirata que no corsario; cómo turcos despellejan cristianos; cómo muere un capitán vizcaíno defendiendo a España; cómo se asalta codiciada presa turca; cómo se libera a un galeote tras veintidós años cautivo al remo; cómo un adolescente, Iñigo de Balboa inicia los pasos para afrontar su decisivo y freudiano matar al padre, que no es otro que Alatriste; cómo el carisma alatristino alcanza a un bereber descendiente de cristianos, el noble Moro Gurriato. Y cómo se maniobra a la vela, con el instrumental de las galeras del tiempo. Todo incardinado en las dos biografías que se cruzan incesantes en la serie: la ascendente de Balboa, y la descendiente de Alatriste.

Y con un lenguaje que trasciende a Quevedo,...

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Web oficial de Arturo Pérez Reverte Fri, 05 Jan 2007 00:00:00 +0100
La épica del desencanto http://www.perezreverte.com/articulo/criticas/459/la-epica-del-desencanto/ La épica es el verdadero otro lado del espejo de la lírica. Y así, el héroe épico por mucho que luche por su amada vive preparándose para morir, escuchando siempre en la lejanía el sonido del cuerno de Roldán. En este volumen, ya el sexto de la saga, el capitán Alatriste es, en mi opinión, más héroe épico que nunca (quizá enlazando con el Alatriste de «El sol de Breda»), y está más desesperadamente solo que nunca, incluso con su Íñigo ya batiendo las alas de la adolescencia rebelde. Y con la determinante presencia constante del tiempo que modifica para siempre la vida de los personajes. «El tiempo muda unos lugares y respeta otros. Pero siempre te cambia el corazón», dirá en un momento Alatriste.

En este sentido, creo que el personaje de Pérez-Reverte es diferente cuando está en España que cuando sale al exterior, quizá porque el verdadero héroe está siempre en camino, y de hecho es en el Camino del Grial que encuentran grandeza y muerte los caballeros de Arturo. Y en esta novela, Alatriste e Íñigo, embarcados en las naves de la flota real y visitando Malta, Nápoles y las propiedades españoles norteafricanas, allí donde vegetan viejos soldados de los Tercios, abandonados por su rey y condenados al olvido, son quizá más épicos que nunca.

Alatriste, aquí, quizá está más cerca de la ética del samurai que en sus ámbitos hispánicos. Poco importará ya luchar por el rey o por un quimérico imperio, sino que más bien una extraña mezcla de «beau geste» y de penurias económicas les guiarán a la muerte y a la gloria. Alatriste sabe que su único oficio es la guerra, que funcionarios y mercachifles se están comiendo un imperio que ya nadie defiende en la Corte, y así escuchará esto de un viejo soldado: «Dime qué le importa a un escribano, a un juez, a un funcionario real, a un tendero, a un fraile, que en las dunas de Nieueport nos retiráramos impasibles y banderas en alto, sin romper el tercio...».

Ahora, las aventuras de Alatriste y sus compañeros están teñidas de una cierta amargura, donde sólo las feroces batallas contra los turcos (enemigos, sí; pero no resguardados tras papeles y ordenanzas) y ejemplares venganzas (disparar las cabezas de los enemigos con un cañón hacia el campo adversario) parecen animar por un momento a estos soldados profesionales, que, al fin, sólo terminarán luchando porque no saben hacer otra cosa, y porque en un tiempo de siervos es el...

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Web oficial de Arturo Pérez Reverte Sat, 16 Dec 2006 00:00:00 +0100
Alatriste, aventura del lenguaje http://www.perezreverte.com/articulo/criticas/458/alatriste-aventura-del-lenguaje/ Diez años no pasan en balde. No para el héroe de las que comenzaron siendo aventuras de un soldado en la España del siglo XVII y van convirtiéndose en un proyecto distinto al del mero entretenimiento con las capas, espadas y lances varios en que se quedarán todavía algunos lectores superficiales. Conforme Alatriste evoluciona como personaje, crece la medida de la serie, con novelas que van adensando su trayectoria en dos direcciones. Primeramente, según vimos ya en las anteriores El oro del rey y El caballero del jubón amarillo, por el estigma del desengaño, como si Quevedo fuese algo más que un amigo, y su amarga visión de las Españas caídas prendiese cada vez más en la retina de Alatriste, sometido a los vaivenes del poder cortesano, como lo fue la historia de don Francisco mismo. No es casual que un ejemplar de Los sueños de Quevedo, recién salido a estampa, acompañe los ratos de ocio del capitán. Pero tampoco lo es la inclusión parcial en el texto (pág. 221), y completo en el apéndice final, del espléndido soneto que Quevedo dedicó a su amigo y protector, don Pedro Téllez de Girón, duque de Osuna. El acento de contraposición entre vasallos leales sin señores que los merezcan acentúa la línea semántica constante en la narrativa toda de Pérez-Reverte: su amarga visión respecto los valores inservibles, por muy grandes que hayan sido las hazañas quemadas en su servicio.

Protagonista principal. El otro camino de adensamiento lo surca el lenguaje. Podría decirse (y quiero hacer algo más que un juego de palabras) que lo que comenzaron siendo unas novelas de aventuras han terminado por ser una auténtica aventura del lenguaje, que en esta última entrega se convierte en el protagonista principal, y traduce, según creo, un nuevo compromiso de su autor, quien logra ir donde hoy no llega nadie en novela histórica: dar vida a una aventura semántica. Comienza siendo léxica, por los dos o tres centenares de términos que estaban arrumbados en diccionarios de época y en jergas especializadas de la germanía, del juego de cartas, de la marinería o de las suertes de ataques y defensas en las batallas o duelos. Podría allegar mucho de ello en esta crítica, aunque bastará a cada lector con ver lo que digo según la novela avanza. Pero es sobre todo semántica, porque Alatriste es hoy menos aventura recreada, y cada vez más creación propia, como si la obra le fuese creciendo a su autor entre las manos, hasta acariciar la idea no de escribir como los antiguos según comenzó siendo la serie,...

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Web oficial de Arturo Pérez Reverte Sat, 09 Dec 2006 00:00:00 +0100
Guerras fraternales http://www.perezreverte.com/articulo/criticas/457/guerras-fraternales/ Nadie se ha arrepentido de ser valiente, o eso oí una vez, y valiente es Diego Alatriste, capitán crepuscular y cansado en un mar fabuloso de cristianos contra musulmanes, el Mediterráneo, matriz de razas, lenguas y viejos odios fraternos: "Nadie se degüella mejor y más a gusto que quien harto se conoce", ahora y en 1627, cuando empieza Corsarios de Levante. El pasado es también un país de aventuras.

A bordo de La Mulata, galera de 24 bancos, en persecución de un bajel berberisco, viajamos hacia un turbión de peripecias, de Cartagena a los Dardanelos, entre abordajes y matanzas, amistad, valentía, lealtad, y sus contrarios. Arturo Pérez-Reverte imagina con fervor lo perdido, la materialidad y el alma de un siglo XVII de soldados: cómo se navegaba, se combatía, se vivía, se padecía y se gozaba. Dos cronistas lo cuentan: un narrador sin nombre e invisible, que sigue a Alatriste hasta el fondo de su conciencia, y el feliz Íñigo Balboa, testigo de los hechos, huérfano de veterano en Flandes y protegido del capitán.

Balboa, alegremente engreído de su juventud, se presenta como "bachiller en Flandes y licenciado en las galeras del rey". Es soldado, pero todavía no es el hombre que cree ser, ni el que debería, o eso le dice Alatriste, pues Balboa, a sus 17 años, ya se le sube a las barbas. Ya no ve en el capitán lo que veía. Pero Alatriste aparece más sólido y más próximo en su nueva aventura, ojos claros y atentos bajo el sombrero viejo, parco en palabras y ademán, sólo rico en cicatrices y muertos a sus espaldas, amigo de diluir la memoria excesiva en vino. Ahora vemos el gesto de Viggo Mortensen sobre la cara que dibuja Joan Mundet.

En un momento de distancia entre el héroe humilde y el discípulo soberbio, el discípulo envidia la forma de morir que le supone al capitán: la calma digna, el conocimiento de lo que significa vivir. Alatriste y Balboa se disponen para un combate probablemente desastroso, en franca inferioridad, y la mirada de Balboa sobre su protector nos deja ver dos cosas: la valía de los dos amigos y el afecto del joven hacia el viejo. "Joven, gallardo y español bajo las banderas de la famosa infantería de España, mayor potencia y azote del orbe", el casi adolescente Íñigo Balboa es visto con aprecio e ironía, como si lo mirara el capitán.

El Mediterráneo de 1627 fue una sorda guerra civil que Alatriste vive con el recuerdo de 1609: la...

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Web oficial de Arturo Pérez Reverte Sat, 02 Dec 2006 00:00:00 +0100