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Textos sobre Pérez-Reverte

Yo no sé...

JACINTO ANTÓN - 29/10/2003

Yo no sé si Arturo Pérez-Reverte existe de verdad. Quiero decir tan de verdad como sus personajes. Le he visto un par de veces, incluso he intercambiado con él algunas frases, pero nunca me ha parecido alguien real. Seguramente es por que me niego a atribuir a nadie la paternidad del húsar Frederic Glüntz, el cazalibros Lucas Corso, el marinero Coy o los cuatrocientos héroes malgré eux del 326 de Línea, por citar sólo a unos cuantos amigos. No sé cómo ha ido siendo, pero todas esas criaturas de aire que diría Fernando Savater viven tan ricamente ahora en mi casa literaria, esa casa que poseemos todos los lectores y a la que nos retiramos siempre que podemos para tomarnos unas vacaciones del mundo, tan decepcionante a veces. En mi casa cohabitan los personajes de Salgari y Karl May con Fabricio del Dongo y Frederic Moreau; Jim Hawkins y Dick Shelton con los hermanos Karamazov y Gregorio Samsa. Todos se llevan bien. Y yo les aprecio porque son gente con personalidad, y porque cuentan unas historias estupendas. Por ahí deambulan, como decía, esos compañeros que Pérez-Reverte se empeña en considerar personajes suyos. Con el maestro de esgrima suelo tirar unos asaltos y mientras él y Alatriste analizan sus lances de acero yo trato de meter baza a ver si me valoran el golpe traversor pasando, que ya son muchos años de sable. Con las chicas voy tratando: siempre me han gustado las pecas y nunca he dejado de pensar que en la mayoría de representantes del otro género se esconde una diablesa. El caso es que no sabría ya vivir sin toda esa galería de rostros y cuerpos, como no sabría vivir sin Aramis o Lord Jim. Se me han hecho indispensables: lo descubrí el día en que me vi a mí mismo hurgando en un contenedor de basura para hacerme con el capítulo correspondiente de La sombra del águila, que se publicaba en El País por entregas y que, al haberse agotado el diario, me había perdido. Como decía, yo no sé si Arturo Pérez-Reverte existe. Pero estoy dispuesto a aceptar que sí, siempre que siga poblando mi mundo de hermanos.

El eterno conflicto entre la realidad y el deseo: El húsar

JOSÉ BELMONTE SERRANO - 30/1/2003

Sólo varios años después, cuando Arturo Pérez-Reverte se ha convertido, sobre todo a raíz de la publicación, en de La tabla de Flandes, en uno de los escritores más leídos y estudiados de la literatura universal de este final de siglo, algunos críticos e investigadores se han interesado y han vuelto sus ojos, con ánimo de llevar a cabo un análisis más pormenorizado, sobre su primera novela, El húsar, aparecida en 1986, cuando el autor de la misma contaba ya con 35 años de edad. No se trata, pues, quizá por ese rasgo apuntado anteriormente, de un primer y simple acercamiento al terreno de la creación, sino, antes bien, el producto de una larga vida de lector, que arranca desde su más tierna infancia, y, acaso, de escritor silencioso que no irrumpe en los escenarios de la literatura hasta alcanzar una evidente madurez en todos los terrenos. Así, Rafael Conte, en la edición llevada a cabo por Alfaguara, ha calificado esta novela de "relato espléndido sobre la desmitificación de la guerra y la muerte de todo heroísmo, en plena época napoleónica" (pág. 19). En nuestra introducción a Los héroes cansados, ya tuvimos ocasión de señalar, refiriéndonos, asimismo, a El húsar, que Arturo Pérez-Reverte "asume sin complejos ya en esta primera novela un tipo de ficción por la que andará el resto de las suyas" (pág. 14).

El revertismo y sus alrededores

SANTOS SANZ VILLANUEVA - 30/1/2003

Arturo Pérez-Reverte publica en 1986 su primer libro, El húsar, y ya entonces sabe muy bien lo que quiere. No es de los autores que manifiesten dudas o incertidumbres en sus comienzos y luego las despejen con una maduración intelectual o estética. Su ideario, su visión de la vida, está sintetizada en esa opera prima, en la cual se hallan patentes asimismo sus fidelidades literarias. Resumiendo ambos aspectos en una formulación escueta que nos sirva para plantear, de entrada, sin rodeos, las generales de la ley de su literatura, diremos que ésta se centra en la búsqueda y defensa de valores auténticos, y que se apoya en una concepción tradicional del relato.

Capitán Alatriste

ALBERTO DIAZ VILLASEÑOR | Diario de Córdoba - 27/1/2003

El fantasma del capitán Alatriste subió desde el viejo alcázar de Madrid hasta la calle que lleva el nombre del que fue su Rey, Felipe IV. El capitán o su espectro bordearon el gran parque que el valido de su Majestad regaló a éste para sus esparcimientos; el valido era el entonces todavía sólo conde de Olivares y el jardín, el Retiro. El capitán ya no reconocía nada de aquel Madrid que era éste, pero aún se detuvo por la Cuesta Moyano rebuscando entre los tenderetes de los libros de viejo alguno de su pendenciero amigo Francisco de Quevedo.

El sonido de un lector

JUAN CRUZ | El País - 23/1/2003

Este otoño, cuando Arturo Pérez-Reverte cumplió 51 años, su editora Amaya Elezcano llevó a su casa un regalo muy especial: la música que hay detrás de su último libro, La Reina del Sur.

Una justicia poética

JOSÉ PERONA | El País - 23/1/2003

Junto a su primera novela, El húsar (1986), Arturo Pérez-Reverte ha recorrido los ambientes napoleónicos en La sombra del águila (1993), y la memoria emocionada del Emperador late en el nombre del protagonista de El club Dumas (1992), Lucas Corso (de Córcega, la tierra de nacimiento de Napoleón). En las dos primeras novelas citadas existe ya, y se hace explícito en la tercera, la larga sombra de Dumas: entrar a saco en la historia para novelarla.

Un clásico

JOSÉ BELMONTE SERRANO | El País - 23/1/2003

Cuando decidí organizar un congreso internacional dedicado, monográficamente, a la obra literaria y periodística de Arturo Pérez-Reverte, hubo gente que me dijo que estaba loco. Loco de atar. A quién se le ocurre. En este país, alentados, incluso, por las más altas instituciones, estamos demasiado acostumbrados a no hacer ni puñetero caso a los que aún siguen vivos, a los escritores y artistas que están en activo. Y más locos aún si, además, se trata de un creador que vende muchos libros, aquí y en el resto del mundo; un tío famoso al que la gente, incluso la más humilde, la que lee sus artículos periodísticos, suele parar por la calle -yo lo he visto- para decirle: "Dales caña, Reverte, dales caña".

El cóctel perfecto para una buena película

PEDRO OLEA | El Mundo - 20/2/2001

Como el marqués de Ayala, personaje de Pérez-Reverte que interpretó Joaquim de Almeida en la película, tengo un cajón secreto donde guardo unas cuantas novelas que me gustaría llevar al cine.

Colega hasta en un bote del Titanic

ALFONSO ROJO | El Mundo - 20/2/2001

Es el tipo que uno escogería como compañero en el bote salvavidas del Titanic. Hay muchas razones que justifican la elección. Una de ellas -la más evidente- es que es fiable. Arturo Pérez-Reverte está fabricado de acero y jamás deja tirado a un amigo. Tienes la garantía de que no intentará salvarse a solas si la nave se va a pique.

Arturo

RAUL DEL POZO | El Mundo - 16/8/2000

Los jóvenes admiran a Arturo Pérez-Reverte como a un capitán de los boy-scouts. Le veneran porque navega, desprecia la política y porque creen que los reporteros de guerra han estado de verdad en las trincheras. Es verdad que siempre va buscando un nido de águilas, pero también estudia cartografía o esgrima y zarpa por los textos de Conrad para escribir del mar o por los de Balzac para conocer que no hay nada más desinteresado que un adulterio. Como Borges, no escribe novelas, incurre en ellas. Hace novela de argumento y los héroes son pocos y los mismos, Bovary, un penacho tremolante, un argonauta guiado por Jasón o por el código de la caballería que sale a buscar peligros. Ahora han robado sus novelas del paredón de Lugo (proyecto Cumulum: rodear la ciudad con la muralla de piedra y de medio millón de libros). El lo entiende: "Si algún día no pudiera leer me pegaría un tiro". Todos hemos robado ejemplares fascinantes y eso debiera estar despenalizado. El libro es una herramienta para la conspiración, la seducción y el robo y el asesinato. El escritor siempre confía en que el lector haga realidad sus pensamientos. Arturo tiene todas las luces para el idioma. Lo mismo conoce el lenguaje de un navajero que el de un soldado de Flandes. En la hora y en la moda de la literatura de excursiones a Harvard, de ternurismo de tampax y de cajitas de bombones, surgió el novelista que dio una patada al tinglado. Le conocí en la redacción de Pueblo y cuando le vi contar historias sabía que iba a acabar con nosotros. El que sabe contar historias, las cuenta lo mismo en las 600 palabras de un reportaje o en las 60 o 100.000 de una novela. Los alelados críticos que se negaban a aceptar las novelas de periodistas no pudieron regatear los méritos del navegante indómito de Cartagena, porque ya está en la cuadra mediática más poderosa.

Foto de Arturo Pérez-Reverte

¿Qué es?

Textos sobre el escritor y su obra. Revertianos.

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