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Textos sobre Pérez-Reverte

Valores de verdad

JOSÉ MARÍA POZUELO YVANCOS - 29/10/2003

Mis dos favoritas, dentro del amplio abanico de novelas de Arturo Pérez-Reverte, son El maestro de esgrima (1988) y La reina del Sur (2002). En estas elecciones y juicios suelen influir factores subjetivos, del gusto, o de nuestra propia historia como lectores. Todo lector tiene el derecho a preferir unas novelas a otras, y a no tener siquiera que justificarlo. Aunque si abandonamos por un momento la zona de la subjetividad -en un Prólogo hay que hacerlo- e intentamos -es lo que justifica un Prólogo- invitar a la lectura de esa novela a otros lectores que todavía no la conocen, vemos que en esas elecciones suelen jugarse algunas partidas de más amplio calado que los gustos personales. Y es en el ascenso a ese otro nivel cuando podré afirmar que El maestro de esgrima figura entre mis novelas favoritas porque la considero entre las mejores que Pérez-Reverte ha escrito. «Favoritas» y «mejores» son adjetivos que se mueven en dos niveles muy distintos de valoración y que comprometen dos esferas diferentes del juicio crítico. Y un ejercicio muy interesante que apenas hacemos (y que debería ser de obligado cumplimiento a quienes ejercemos la crítica) es el de explicar los juicios, intentando en todo caso no justificarse como crítico, sino hablar desde la novela, indicar al lector por qué esta novela que va a leer cuenta entre las mejores de Arturo Pérez-Reverte.

Mi vida con Alatriste

JUAN ESLAVA GALÁN - 29/10/2003

El capitán Alatriste me ha enseñado a aceptar un pasado nacional que los progres de mi generación intentaron suprimir porque el franquismo lo había teñido de azul. Alatriste también me ha enseñado que un novelista de raza, como lo es Pérez-Reverte, necesita conocer la larga tradición de la novela, esa clara corriente que brota del Quijote o de la Celestina (o de la Odisea, puestos a apurar), que se ensancha con la picaresca y los múltiples hijuelos europeos del género, que discurre por el cauce amazónico del siglo XIX (romanticismo, realismo, costumbrismo, novela psicológica, etc.), y que desemboca en las innovaciones técnicas del siglo XX, que enriquecen este género burgués y universal. Todo esto se descubre en Arturo Pérez-Reverte, un clásico vivo que sabe templar y mandar en el género, un astuto hacedor que sin alardes hunde sus raíces nutricias en la lectura y asimilación de los grandes olvidados (Tolstoi, Dostoievski, Stevenson, Dumas, Stendhal, Balzac, Dickens, Pérez Galdós o Clarín, sin desdeñar las novelas por entregas con sus depuradas técnicas) hasta los grandes del siglo XX.

El actor y el caballero del jubón amarillo

RAFAEL DE CÓZAR - 29/10/2003

Cada nueva entrega de Alatriste tiene, desde mi punto de vista, la principal cualidad de abrirnos nuevas dimensiones y perfilar otras anteriores, sin agotarlas, sin cerrarlas, facetas de la personalidad de los protagonistas, perfiles de su trayectoria vital y del mundo que les rodea, dibujando, de paso y poco a poco, el mosaico de nuestra España del siglo XVII. Al capitán Alatriste no es fácil esquematizarlo. Su imagen se nos va construyendo en el proceso de sus acciones, a la vez que evoluciona según el momento y la aventura en la que se ve implicado, con lo que cada nueva entrega nos parece más completa que las anteriores, mejor elaborada. Incluso cabría imaginar, aunque sabemos que no es así, que Arturo tuviera escrita toda la saga y la fuera dosificando, pues la estructura general aparece sin fisuras, perfectamente centrado cada aspecto en el lugar que le corresponde. 

Introducción de "La sombra del águila"

ANDRÉS AMORÓS - 29/10/2003

1. La escritura de Arturo Pérez-Reverte

El éxito popular de las novelas de Arturo Pérez-Reverte es un hecho indudable y espectacular: sus obras alcanzan tiradas de cientos de miles de ejemplares, dentro y fuera de España. (Alguna se ha vendido en Francia más que los bestsellers norteamericanos de John Grisham.) A la vez, consiguen el reconocimiento de la crítica internacional -en Francia y en Estados Unidos, por ejemplo- y se multiplican las versiones cinematográficas.

Un orden emboscado

JUAN MANUEL DE PRADA | El Mundo - 29/10/2003

  Creo que era Borges quien afirmaba, en algún paraje de su obra, que la novela policial, aunque leída con desdén por algunos contemporáneos (de ésos que confunden la literatura con el martirio de las almorranas), había salvado el orden en una época de desorden. (...)

Para una gramática del best-séller desde el canon literario: "El club Dumas" como paradigma

JOSÉ MANUEL LÓPEZ DE ABIADA | AUGUSTA LÓPEZ BERNASOCCHI Universidad de Berna - 29/10/2003

Parte I: Aspectos generales. Introito

Como queda anunciado en el título de nuestra ponencia, deseamos centrar nuestra atención en una sola obra de Arturo Pérez-Reverte: El club Dumas. Las razones son varias y variadas. Adelantamos las que nos parecen más significativas:

La piel del tambor: regreso a Revertelandia

JOSÉ BELMONTE SERRANO - 29/10/2003

a crítica ha sido unánime en esta ocasión al considerar que en La piel del tambor, calificada, asimismo, como la mejor obra de cuantas ha publicado hasta la fecha Arturo Pérez-Reverte, se repiten los mismos esquemas utilizados en relatos precedentes. "El autor -escribe Santos Sanz Villanueva en su reseña crítica-, al igual que ha hecho en ocasiones anteriores, combina con toda tranquilidad varias clases de novelas: la criminal y policiaca, la de aventuras, la de amores imposibles y la psicológica, por lo menos". Se percibe, además, esa fundamental labor de documentación previa a la que el escritor cartagenero nos tenía acostumbrados desde la aparición de su primera novela, El húsar: "Existe, como en las anteriores -leemos en el texto titulado "Iglesias como trincheras", del que es autor José Perona-, un trabajo enciclopédico previo que adecúa las ropas, las lecturas, las actitudes, los finos, las tapas, los carteles de toros, los 111 bares, los jesuitas encargados de la seguridad electrónica del Vaticano, la descripción de la iglesia y la lucha ideológica entre polacos y liberales, los problemas teológico-financieros, etc.". Rosa Mora, en las páginas de Babelia, admite que existe un discurso que, en 1986, se inicia en las propias páginas de El húsar y que se prolonga hasta desembocar en La piel del tambor. Un discurso que "lo mantiene bajo diversas formas, pero inalterable: una desolada y escéptica visión del mundo". El propio Arturo Pérez-Reverte, en las numerosas entrevistas que en los distintos medios de comunicación le llegaron a realizar a propósito de La piel del tambor, contribuyó a fomentar la idea -ciertamente discutible, como luego veremos- de que "el lector de siempre va a encontrar lo de siempre".

Lectura de Arturo Pérez-Reverte

SANTOS SANZ VILLANUEVA - 29/10/2003

El número especial del semanario Ababol dedicado a Arturo Pérez-Reverte se abre con un mensaje autógrafo del escritor cartagenero que merece la pena copiar: "Hay unas palabras que me obsesionan desde que, de jovencito, traducía a Homero: Llueve en las orillas de Troya mientras zarpan las naves. En realidad, supongo, casi todas mis novelas hablan de eso".

Cuando no queda sino batirse

JOSÉ PERONA | El Mundo - 29/10/2003

Corría el año 1988 cuando Julio Ollero, que siempre había creído en Arturo Pérez-Reverte y era a la sazón director de la editorial Mondadori, editó El maestro de esgrima, la segunda novela del escritor nacido en Cartagena. Desde su aparición y posterior traducción a varias lenguas, la novela fue acogida con admiración -todavía recuerdo la rendida reseña de The New York Times Book Review: "una espléndida novela de la primera a la última página"- y hoy puede ser considerada como el vivero de ciertos temas y modos, y no sólo literarios, del escritor de La Navata. (...)

Un soldado sin bandera

JUAN MANUEL DE PRADA - 29/10/2003

Siempre que intento figurarme a Arturo Pérez-Reverte bajo especie bélica, acude a mí la figura del soldado sin bandera, veterano de todas las batallas y, sin embargo, todavía invicto. Sé que a él le gusta compararse, erróneamente, con el mercenario, pero algunas pasiones antiguas que cultiva con esmero delatan su verdadera naturaleza: Reverte es, ante todo, un hombre (y un escritor) leal a sus amigos y a sus enemigos, a sus lecturas y a su vida azarosa, a sus navegaciones y a sus recuerdos. Hay en él una doble vocación de lealtad y la soledad que le ha granjeado el encono de los mediocres y la aversión pálida de ciertos mequetrefes que pululan por los arrabales de las llamadas "élites culturales". Pero, ¿qué nos importan estos especímenes subalternos? Reverte nos gusta porque ha hecho de la libertad un modo de leer el universo y de la literatura una segregación gozosa, una fiesta promiscua en la que se convocan los fantasmas custodios de nuestra adolescencia, resucitados por una prosa que tiene algo de zarpazo y también algo de caricia, una prosa que a veces nos oprime con el perfume de la pólvora y otras se nos clava con el sabor de una tristeza que nunca se hace ostentosa, una prosa que, por encima de cualquier otra consideración, nos contamina las ganas de seguir viviendo, engolfados en intrigas caudalosas que relumbran en la oscuridad, como joyas de un brillo que nunca remite.

Foto de Arturo Pérez-Reverte

¿Qué es?

Textos sobre el escritor y su obra. Revertianos.

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