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Un día de cólera de Arturo Pérez-Reverte

Portada de Un día de cólera

Arturo Pérez-Reverte devuelve la vida a los protagonistas de la jornada que cambió el destino de una nación


Un día basta para sublevar a un pueblo

Este relato no es ficción ni libro de historia

Presentación en Madrid de Un día de cólera


La novela

«Este relato no es ficción ni libro de Historia. Tampoco tiene un protagonista concreto, pues fueron innumerables los hombres y mujeres envueltos en los sucesos del 2 de mayo de 1808 en Madrid. Héroes y cobardes, víctimas y verdugos, la Historia retuvo los nombres de buena parte de ellos: las relaciones de muertos y heridos, los informes militares, las memorias escritas por actores principales o secundarios de la tragedia, aportan datos rigurosos para el historiador y ponen límites a la imaginación del novelista. Cuantas personas y lugares aparecen aquí son auténticos, así como los

sucesos narrados y muchas de las palabras que se pronuncian. El autor se limita a reunir, en una historia colectiva, medio millar de pequeñas y oscuras historias particulares registradas en archivos y libros. Lo imaginado, por tanto, se reduce a la argamasa narrativa que une las piezas. Con las licencias mínimas que la palabra novela justifica, estas páginas pretenden devolver la vida a quienes durante doscientos años sólo han sido personajes anónimos en grabados y lienzos contemporáneos, o escueta relación de nombres en los documentos oficiales.»

Arturo Pérez-Reverte devuelve a la vida a los protagonistas de la jornada que cambió el destino de una nación


Arturo Pérez-Reverte

Arturo Pérez-Reverte

"Quiero que el lector corra con el aliento de los caballos franceses a la espalda"

¿Cómo nace este libro, cómo se le ocurre la idea de volver al Dos de Mayo?

Quería contarlo de otra forma. Se ha contado muy bien, Galdós lo contó muy bien y hay libros de historia bastante buenos, pero yo quería contarlo desde dentro de la gente, quizá lo que no se contó nunca fue desde el punto de vista de la gente que estuvo peleando. Por suerte, hay

muchísimo testimonio de las víctimas, de testigos que lo vieron todo y que dejaron constancia de cada hecho. Me apetecía mucho contar la historia como si estuviera el lector en la calle. Cómo habría visto este día si hubiera estado corriendo por las calles de Madrid de un lado a otro, disparando, con el barullo. Cómo habría sido, cómo lo contaría a ...

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"El dos de mayo no fue un movimiento patriótico, fue un día de cabreo"


Fragmentos 1/4

Palacio de Oriente. Junta de Gobierno

«—¿Y con qué fuerzas quiere usted contener a la gente en Madrid?... Demasiado es que los soldados no se unan al populacho.

El ministro de la Guerra levanta un dedo admonitorio, marcial, y ensarta en él un aro de humo habanero.

—Me hago responsable, descuiden. Les recuerdo que toda la tropa está acuartelada con órdenes estrictas. Y sin munición, como saben.

—Entonces, ¿cómo pretende que contengan al pueblo? —se interesa, guasón, Gil de Lemus—. ¿A bofetadas?».

Página 33

Plaza de Palacio

«Arrebatar al infantito, último de la familia que, con su tío don Antonio, queda en España, es crimen de lesa patria. De modo que, junto al carruaje vacío que aguarda frente a la puerta del Príncipe, que tan mala espina le da, el humilde cerrajero, espontáneo adalid de la monarquía española, decide impedirlo, aunque sea él solo y con las manos desnudas —ni siquiera lleva navaja, pues su mujer, con mucho sentido común, se la ha quitado antes de salir—, mientras le quede una gota de sangre en las venas.

Así que, sin pensarlo dos veces, Blas Molina traga saliva, se aclara la garganta, da unos pasos hacia el centro de la plaza y empieza a gritar «¡Traición! ¡Se llevan al infante! ¡Traición!», con toda la fuerza de sus pulmones».

Páginas 58 y 69


Fragmentos 2/4

Palacio Grimaldi

«—Quiero a los marinos de la Guardia protegiendo esta casa, y a mis cazadores vascos en Santo Domingo. Usted, Friederichs, asegure con sus dos batallones de granaderos y fusileros la plaza de Palacio y la entrada a la Almudena y la Platería... Que la tropa tire sin compasión. Sin perdonar la vida de nadie, sea cual sea la edad o el sexo. ¿Está claro?... De nadie.

Sobre un plano de Madrid extendido en la mesa —español, aprecia el joven Marbot, levantado hace veintitrés años por Tomás López—, Murat repite sus órdenes a los recién llegados. El dispositivo, previsto hace días, consiste en traer a la ciudad a los veinte mil hombres acampados en las afueras; y con los diez mil que ya hay dentro, tomar todas las grandes avenidas y controlar las principales plazas y puntos clave, para evitar el movimiento y las comunicaciones entre un barrio y otro».

Páginas 88 y 89

Puerta del Sol

«A su alrededor, espantado, el presbítero escucha el clac, clac, clac, de innumerables navajas que se abren. Cachicuernas albaceteñas de siete muelles, con hojas de entre uno y dos palmos de longitud, que los hombres sacan de las fajas, de los bolsillos, de bajo los capotes y las chaquetas, y con ellas en las manos se lanzan ciegos, gritando encolerizados, al encuentro de los jinetes que avanzan.

—¡Viva España y viva el rey!... ¡A ellos!... ¡A ellos!

El choque es brutal, de un salvajismo nunca visto. Tan ebrios de ira que algunos ni se preocupan por su seguridad personal, los madrileños se meten entre las patas de los caballos, se agarran a las bridas y se cuelgan de las sillas, apuñalando a los mamelucos en las piernas, en el vientre, destripando a los caballos que caen patas al aire coceando sus propias entrañas.

—¡A ellos!... ¡Que no quede moro vivo!»

Páginas 141


Fragmentos 3/4

Mujeres en el combate

«La maja —lo sabrán más tarde los artilleros— se llama Ramona García Sánchez, tiene treinta y cuatro años y vive en la cercana calle de San Gregorio. Al poco rato la releva un artillero. No es la única que en este momento participa en el combate. La inquilina del número 11 de la calle de San José, Clara del Rey y Calvo, de cuarenta y siete años, ayuda al teniente Arango y al artillero Sebastián Blanco a cargar y apuntar uno de los cañones, en compañía de su marido, Juan González, y sus tres hijos. Otras mujeres traen cartuchos, vino o agua para los que pelean. Entre ellas está la joven de diecisiete años Benita Pastrana, vecina del barrio, que salió a la calle al saber herido a su novio Francisco Sánchez Rodríguez, cerrajero de la plazuela del Gato.

También combaten la malagueña Juana García, de cincuenta años; la vecina de la calle de la Magdalena Francisca Olivares Muñoz; Juana Calderón, que tumbada en un zaguán carga y pasa fusiles a su marido José Beguí; y una muchachita quinceañera que cruza a menudo la calle sin inmutarse por las descargas francesas, llevando en el delantal munición para su padre y el grupo de paisanos que disparan contra los franceses desde el huerto de las Maravillas, hasta que en una descarga cerrada cae muerta por una bala. El nombre de esta joven nunca llegará a saberse con certeza, aunque algunos testigos y vecinos afirman que se llama Manolita Malasaña».

Páginas 221 y 222


Fragmentos 4/4

Monteleón

«Sólo queda, por tanto, rendirse o morir matando. Y antes que verse ante un pelotón de ejecución —de eso no lo libra nadie, si lo cogen vivo—, Daoiz es partidario de acabar allí, de pie y sable en mano. Cual debe hacer, a tales alturas, un hombre que, como él, no está dispuesto a levantarse la tapa de los sesos de un pistoletazo. Antes prefiere levantársela a cuantos franceses pueda. Por eso, desentendiéndose del mundo y de todo, el capitán afirma los pies y se dispone a bajar el sable, gritar «fuego» para la descarga de los cañones —si al menos tuvieran metralla, se lamenta por enésima vez—

y luego usar ese sable para vender su vida al mayor precio en que su coraje y desesperación puedan tasarla. Por un instante, su mirada encuentra los ojos enfebrecidos de Pedro Velarde, que amartilla una pistola y la dispara contra los franceses, sin dejar de dar voces y empujones para contener a los que, ante la cercanía de aquéllos, chaquetean y pretenden echarse atrás. Maldito y querido loco de atar, piensa. Hasta aquí nos han traído tu patriotismo y el mío, dignos de una España mejor que esta otra, triste, infeliz, capaz de hacernos envidiar a los mismos franceses que nos esclavizan y nos matan».

Páginas 268 y 269


Los escenarios

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«La ciudad tiene cinco puertas principales, y todas las avenidas que vienen de éstas confluyen en la puerta del Sol a modo de los radios de una rueda. Madrid no es plaza fortificada, y ninguna resistencia interior es posible si el centro de esa rueda y los radios son controlados por un adversario».

Página 93


Acogida

Portada de Un día de cólera

Artículo

Portada de Un día de cólera
  • PATENTE DE CORSO

    La paradoja del 2 de Mayo

    XLSemanal

    El próximo viernes se cumplen doscientos años del 2 de Mayo, día en que Madrid se sublevó contra los franceses. No fue, como la historiografía tradicional afirmó durante dos siglos, un alzamiento masivo de toda la nación. Eso vino después, a partir del 3 de mayo. Y con reservas. Las palabras masivo y nación deben ser manejadas con cuidado, como cada vez que se consideran los lugares comunes de la triste historia de España.

  • TRIBUNA: ARTURO PÉREZ-REVERTE

    Cólera de un pueblo, certeza de una nación

    El País

    En este año se cumple el 200 aniversario del 2 de Mayo en Madrid, una fecha políticamente incómoda, manipulada históricamente y usufructuada por los distintos regímenes, partidos e ideologías desde entonces.

  • REPORTAJE: ARTURO PÉREZ-REVERTE

    Una intifada de navaja y macetazo

    El País

    En estos tiempos de códigos más o menos Vincis, de conspiraciones vaticanas y de tramas ocultas, regado todo con la inevitable agua llevada al molino de la política, el 2 de Mayo no podía quedar al margen.


Nueva Edición

Nueva edición de Un día de cólera
  • Alfaguara publica una edición conmemorativa de Un día de cólera

    CAPITANALATRISTE.COM | 13 de abril de 2008

    La edición incluye Memorias del 2 de mayo, una recopilación de testimonios reales de sus protagonistas. Memorias del 2 de mayo recoge los testimonios de quienes vivieron los sucesos del 2 de mayo de 1808 en Madrid: el comandante Vantal de Carrère, cuyas memorias no habían sido publicadas en España; el general Marbot; el barón Jean-Baptiste Grivel; liberales españoles como el conde de Toreno, José María Blanco White, Antonio Alcalá Galiano y el militar y escritor José Mor de Fuentes; el maestro del costumbrismo romántico Ramón de Mesonero Romanos; militares españoles que no pudieron intervenir porque tenían órdenes de no actuar, como Manuel María Esquivel; otros que sí participaron como José Navarro Falcón y Rafael de Arango; y el cerrajero Blas Molina Soriano, ferviente seguidor de Fernando VII, que fue uno de los instigadores del comienzo de la insurrección y responsable de la primera víctima francesa.


    Memorias del 2 de mayo, con selección y prólogo del teniente coronel José Manuel Guerrero Acosta, permite al lector conocer cómo se vivió aquel lunes por parte de sus protagonistas. Nombres que, con mayor o menor peso, fueron testigos de esa jornada y cuyas vivencias conformaron el material documental de la obra de Arturo Pérez-Reverte.


    Recordemos que Un día de cólera convierte en historia colectiva las pequeñas y oscuras historias particulares registradas en archivos y libros. Con las licencias mínimas que la palabra novela justifica, su obra pretende devolver la vida a quienes durante doscientos años sólo han sido personajes anónimos en grabados y lienzos contemporáneos, o escueta relación de nombres en los documentos oficiales.

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