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Textos sobre Pérez-Reverte

La piel del tambor: regreso a Revertelandia

JOSÉ BELMONTE SERRANO - 29/10/2003

La crítica ha sido unánime en esta ocasión al considerar que en La piel del tambor, calificada, asimismo, como la mejor obra de cuantas ha publicado hasta la fecha Arturo Pérez-Reverte, se repiten los mismos esquemas utilizados en relatos precedentes. "El autor -escribe Santos Sanz Villanueva en su reseña crítica-, al igual que ha hecho en ocasiones anteriores, combina con toda tranquilidad varias clases de novelas: la criminal y policiaca, la de aventuras, la de amores imposibles y la psicológica, por lo menos". Se percibe, además, esa fundamental labor de documentación previa a la que el escritor cartagenero nos tenía acostumbrados desde la aparición de su primera novela, El húsar: "Existe, como en las anteriores -leemos en el texto titulado "Iglesias como trincheras", del que es autor José Perona-, un trabajo enciclopédico previo que adecúa las ropas, las lecturas, las actitudes, los finos, las tapas, los carteles de toros, los 111 bares, los jesuitas encargados de la seguridad electrónica del Vaticano, la descripción de la iglesia y la lucha ideológica entre polacos y liberales, los problemas teológico-financieros, etc.". Rosa Mora, en las páginas de Babelia, admite que existe un discurso que, en 1986, se inicia en las propias páginas de El húsar y que se prolonga hasta desembocar en La piel del tambor. Un discurso que "lo mantiene bajo diversas formas, pero inalterable: una desolada y escéptica visión del mundo". El propio Arturo Pérez-Reverte, en las numerosas entrevistas que en los distintos medios de comunicación le llegaron a realizar a propósito de La piel del tambor, contribuyó a fomentar la idea -ciertamente discutible, como luego veremos- de que "el lector de siempre va a encontrar lo de siempre".

Sin embargo, a pesar de que exista, como se dejaba apuntado unas líneas más arriba, un acuerdo unánime entre autor, críticos y lectores a la hora de reconocer que La piel del tambor es un producto inconfundiblemente revertiano, en esas mismas reseñas a las que antes nos hemos referido y en otras a las que de inmediato aludiremos, no se dejaba de admitir que Pérez-Reverte, en su última novela, agregaba a su particular coctelera algún que otro ingrediente nuevo. La fórmula que mantiene en pie eso que, no sin cierto tono humorístico, el propio autor ha denominado Revertelandia se ha alterado. En la olla mágica sigue cociéndose, a la espera de ser agitado con el cuidado y la maestría necesarias, la Historia, el arte y la novela gótica. Sólo que las proporciones de esos conocidos ingredientes parecen haber variado.

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