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Patente de corso

Facha el último

Últimos comentarios

#5 - El 05/9/2010 Adán, ¡PRESENTE! dijo:

Totalmente en contra de lo políticamente correcto y a favor del sentido común.
Arriba España. Abajo el desgobierno.

#4 - El 26/8/2010 Manuel dijo:

Tengo que confesar que, como D. Arturo, luche cuerpo a cuerpo por la conquista de una colina, me escondí entre las ruinas de una casa para disparar, con mi metralleta Thompson, al enemigo al pasar, el enemigo siempre moría espectacularmente y resucitaba rápidamente para ponerme en un aprieto, he de confesar que le pedía a los reyes magos, pistolas, rifles y demás parafernalia, que cuando pude me compre soldaditos de plástico y tanques del mismo material para hacer batallas interminables en la mesa del dormitorio. Hoy no voy al paso de la oca, ni persigo rojos por las calles, soy un normal pagador de impuestos, como otros muchos, eso si que añora alguna veces poder decir eso de “ratatatatatatata”, ¡te pille! a algún político que me toca demasiado los coj…
Hoy las imágenes de la televisión muestran a niños palestinos jugando a lo mismo que yo jugaba entre las ruinas de lo que fue su casa, o eso dice el periodista de turno, cruzas el estrecho y los niños juegan a polis y terroristas (en mi tiempo eran ladrones) y queremos que nuestros niños jueguen a Barbie, lo siguiente será que nuestros ejércitos, los que nos han de defender de esos niños que juegan a la guerra, se nutran de mercenarios y por ultimo … Bueno, ¿alguien recuerda la historia de Roma?

#3 - El 26/6/2010 Alejandro A A dijo:

Estoy de acuerdo con lo que afirma en el artículo en el sentido de que actualmente prima lo políticamente correcto. Pero en muchos casos, ¿se le ha ocurrido pensar por qué es lo políticamente correcto? ¿Será quizás porque la mayor parte de la gente lo adopta de ese modo?

En relación al periodismo en España, coincido totalmente con usted: haber pasado de tener extremos límites en cuanto a lo que se escribía hará como 20 o 30 años, a lo que actualmente se escribe. Nuevos "periodistas". Artífices del sensacionalismo puro.

En cuanto a lo de juegos de guerra, decirle que yo nunca tuve interés por ello, tampoco por las barbies, y no he salido homosexual. Me interesaba la música, odiaba los deportes, especialmente el fútbol, el deporte español por excelencia, al que si no jugabas te consideraban "rarito". Pues sí, me incluyo en ese grupo de "raritos", porque lo que sí que es cierto es que en muchos casos la gente que ha jugado a juegos de guerra siendo niño lleva a que haya utilizado la violencia siendo niño, y sin descartar que pueda hacerlo siendo adulto. Yo estoy en el saco de los que nunca la ha utilizado, nunca se ha peleado con nadie, y siempre ha respetado a la gente diferente, desde crío. Quizás por la educación que me brindaron mis padres, de clase media-baja, pero con bastante cultura, nacidos para ser tolerantes con todos los que lo merecieran.

Lo que he leído en uno de los comentarios que le han dejado es relativo a la adopción homosexual. Mientras la sociedad siga cerrada en esos cánones antiguos de figura materna y paterna, se atacará al diferente, al hijo de dos padres o dos madres. Pero igualmente se ataca al niño que es gordo, raro, o lleva gafas. Antiguamente al que no le gustaba jugar a la guerra o al fútbol. Mientras la sociedad no se acostumbre a lo diferente, no tolere y respete toda conducta siempre que sea respetuosa y tolerante con los demás, este país se quedará anclado en el pasado.

#2 - El 01/6/2010 Fernando FR dijo:

He traducido, para mi hija de once años, esta versión LPC de “Caperucita Roja”, que he encontrado en Internet. Esta, mi hija, ha empezado a leerla y, en la segunda línea del primer párrafo, ha abandonado, diciendo que tenía cosas que hacer.



Érase una vez una persona joven llamada Caperucita Roja, la cual vivía en los confines de un área natural poblada por especies protegidas —especialmente los Strigidae Estrigiformes o búhos— y plantas raras; alguna de las cuales, probablemente, podría servir como cura alternativa para el cáncer, si alguien se tomara la molestia de estudiarlas.

Caperucita Roja vivía con un donante de alimentos y educación, al cual, a veces, se refería como “madre”; aunque este término no implicara que fuera a valorar más a una persona, por el simple hecho de estar unida a ella mediante un lazo biológico. Tampoco era su intención denigrar el equiparable valor del cabeza de una familia desestructurada y no tradicional, por lo que pedía perdón, si esa había sido la impresión causada.

Un día, su madre le pidió que llevase una cesta, de frutas cultivadas orgánicamente, compradas bajo el lema del “comercio justo”, y agua mineral embotellada, a casa de su abuelita.

“Pero madre ¿no piensas que podemos estar quitándole el trabajo a los mensajeros sindicados, que durante años han luchado por el derecho de distribuir paquetes entre las gentes del bosque?”

La madre de Caperucita le aseguró a esta, que ya se había puesto en contacto con el jefe del sindicato y obtenido un formulario para realizar misiones especiales por razones humanitarias, el cual, después de ser debidamente rellenado y enviado de vuelta, obtuvo su correspondiente aprobación.

“Pero madre ¿no consideras que me estas oprimiendo, al pedirme que realice una tarea como esta?”

La madre de Caperucita le hizo notar que era imposible que una mujer oprimiese a otra, por el simple hecho de que todas las mujeres eran seres oprimidos por los hombres y, por tanto, esto no sería posible; al menos, hasta el día en que todas alcanzasen la libertad y la igualdad de sexos.

“Pero madre, si es así ¿no sería mejor que mi hermano llevara la cesta? Si partimos de la base de que el es un opresor, no estaría de más que aprendiese lo que significa sentirse oprimido”

La madre de Caperucita le explicó, que su hermano se encontraba participando en una manifestación por los derechos de las aves —en concreto la focha moruna— y, además, portar la cesta no era un estereotipo del trabajo femenino, sino más bien, un acto de afirmación que ayudaría a reafirmar el menoscabado espíritu gregario de la sociedad actual.

“¿Pero no será considerado, desde el punto de vista de la abuela, un acto denigrante, al implicar que es un ser enfermo y, por esa razón, incapaz de acometer, independientemente, la realización de sus propias necesidades como ser humano igual a sus pares?”

La madre de Caperucita le hizo notar, que no se podía considerar a la abuela, de forma alguna, una persona enferma o incapacitada, ni física ni mentalmente; y que con esto no quería dar a entender, que cualquiera de esas condiciones pudiera interpretarse como inferior o degradante, al ser comparadas al estado que la gente consideraba como saludable.

Finalmente, Caperucita comprendió que no existían más argumentos validos en contra del concepto de llevar una cesta a su abuela, por lo que partió hacia la casa de esta.

Mucha gente pensaba que el bosque era un lugar funesto y peligroso, pero Caperucita había llegado a la conclusión de que estas ideas preconcebidas, eran producto de un miedo irracional, basado en un paradigma cultural, profundamente instalado en una sociedad patriarcal, que consideraba la naturaleza como un conjunto de recursos que debían de ser explotados y, en consecuencia, interpretaba a los depredadores naturales, como intolerable competencia.

Otras personas evitaban el bosque por miedo a ladrones y pervertidos, pero Caperucita Roja consideraba que en una sociedad —realmente— sin clases, cualquier persona, marginal o marginada, debería de sentirse lo suficientemente segura como para atreverse a “salir del bosque” e integrarse y ser aceptada, como modelo de un estilo de vida diferenciado, pero igualmente válido.

En el camino a casa de su abuela, Caperucita pasó cerca de un leñador y, más adelante, abandonó la senda, para examinar detenidamente unas sencillas flores.
De repente, se encontró enfrente del lobo, lo cual, ciertamente, la sobrecogió.

Este demandó saber que había en la cesta

Su maestro solía advertirles que nunca debían de hablar con extraños, pero ella rebosaba de confianza en si misma y era capaz de controlar su incipiente sexualidad, por lo que decidió hablar con el lobo.

Le contestó: “Llevo, a mi abuela, algunos saludables tentempiés, como gesto de solidaridad hacia ella”

El lobo dijo: “Sabes, cariño, no es muy seguro, para una niña pequeña, caminar sola a través del bosque.

A lo que Caperucita contesto indignada: “Encuentro tu comentario sexista y ofensivo en extremo. No obstante, voy a ignorarlo, al ser el producto de tu status tradicional como desclasado de una sociedad moderna, la cual, sin duda, es la causante del estrés que te hace desarrollar una alternativa, aunque, por otra parte, completamente valida, visón del mundo.
Y ahora, si me permites, desearía continuar con mi camino”

Caperucita regreso al camino y continuó en dirección a la casa de su abuela.

Precisamente, porque su status antisocial le había liberado de la esclavitud de adherirse a la forma Occidental de pensamiento lineal, el lobo conocía una ruta mas corta a la casa de la abuela.

Rápidamente alcanzó esta y de un bocado se zampó a la persona de edad avanzada, afirmando, por medio e esta acción, su naturaleza depredadora.

A continuación, libre de las rígidas y tradicionales nociones acerca de los roles sexuales, se vistió con el camisón de la mujer de la tercera edad y se introdujo en la cama, a la espera de lo que pudiera venir.

Caperucita entró en la casa y dijo: “Abuela te he traído algunos tentempiés solidarios a modo de saludo y en consideración a tu rol matriarcal, abundante de sabiduría y buen hacer educacional”

El lobo dijo: “Acércate, pequeña, de modo que pueda verte mejor”

Caperucita dijo sorprendida: “¡Oh, dios mío! que ojos más grandes tienes”

“¿Te habías olvidado de que soy ópticamente incapacitada?”

“¡Y que nariz tan grande! pero finamente formada”

“Naturalmente podría haber hecho que me la arreglaran, lo cual me habría ayudado en mi carrera cinematográfica; pero no soy persona que cede a las presiones y hábitos sociales con facilidad”

“¡Y que dientes tan grandes y afilados!”

El lobo ya no podía aguantar más aquellos perjuicios retrógrados, abundantes entre individuos de diferentes especies de la biosfera, por lo que, como resultado de una apropiada reacción, típica del entorno al que pertenecía, saltó de la cama, agarró a Caperucita y abrió sus fauces. Tanto las abrió, que esta pudo ver a su abuela, aterrorizada, en el fondo de la barriga.

“¿No estás pasando algo por alto?” Demandó con bravura Caperucita. “Deberías requerir mi permiso, antes de proceder a un nuevo nivel de intimidad”

El lobo se quedó tan sorprendido con esta declaración, que aflojo la presa que ejercía sobre la niña.

Al mismo tiempo, el leñador irrumpió en la casa, blandiendo un hacha.

“Quítale las manos de encima” gritó.

“¿Puede saberse que está Ud. haciendo?” gritó Caperucita. “Si le permito ayudarme, en este momento, estaré mostrando una grave carencia de confianza en mis propias habilidades, lo que me conduciría a una baja auto-estima y empobrecería mi nivel de realización, lo que sin duda influiría en mis futuros exámenes de acceso a la universidad.

“Es tu última oportunidad, hermanita. ¡Quítale las manos de encima a esa especie protegida! Esto es una operación encubierta de la policía” gritó el leñador. Y al hacer Caperucita un movimiento sin querer y repentino, este le cortó la cabeza.

“Gracias a dios que llegaste a tiempo” dijo el lobo. “Esa pequeña y su abuela, me trajeron aquí engañado. Creí que no lo contaba”

“No te creas. Pienso que yo soy, realmente, la victima” dijo el leñador. “He estado controlando mi rabia desde el momento en que vi a esa mocosa arrancando las flores protegidas, hace un rato en el bosque. Y ahora, toda esta estresante y traumática situación que puede influir en apreciación y valoración acerca de conceptos existenciales. ¿No tendrás una aspirina, por casualidad?”

“Por supuesto que sí” dijo el lobo.

“Gracias”

“Comprendo tu malestar” dijo el lobo, al tiempo que daba unas palmadas en la firme y bien formada espalda del empleado de la industria de transformación de la madera. De repente, se le escapó un eructo.

“¿No tendrás algo para la acidez?”

#1 - El 02/3/2010 Antónimo Sinónimo dijo:

Pero qué verdades dice usted!
En España tendemos a despreciar lo que yo llamo "Binomio Lógica - Eficacia", es decir, que todas las actividades personales, estatales, administrativas, económicas, etc, deberían estar dirigidas a satisfacer al menos uno, de los dos elementos del binomio. Es decir, que nuestras acciones deberían responder a criterios de Lógica o de Eficacia para la consecución de los objetivos marcados.
El ejemplo del actor negro me recuerda a una constante manía que creo existe en la sociedad española (y en la europea también, qué leches), que es la de despreciar la lógica y la de evitar ser consecuentes.
Es decir, si uno es homosexual (o lesbiana), debería aceptar que esto comporta no tener hijos, salvo que se altere la naturaleza de manera caprichosa, mediante inseminaciones in vitro y similares.
Si uno es católico practicante, debería ir a misa, decir la verdad y procurar no pecar, o al menos intentarlo.
Si uno es ateo furibundo, debería evitar la celebración de ceremonias ridículas como el "bautizo civil". Por el mismo precio, que se hagan circuncisiones o primeras comuniones civiles. Bueno, ya he vuelto a cagarme en la correción política, mi particular caballo de batalla. Lo siento y felicidades por las "Patentes de Corso". Que siga con ellas muchos años.

Foto de Arturo Pérez-Reverte

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Columna que Arturo Pérez-Reverte publica en XL Semanal.