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Noticias y entrevistas

Pérez-Reverte: "Los enemigos son útiles. Te mantienen despierto"

David Benedicte / XLSemanal - 23/10/2011

Es el hombre del mes. No solo publica la séptima entrega de la saga "Las aventuras del capitán Alatriste", sino que, además, nuestro académico favorito cumple 20 años como columnista estrella de XLSemanal. Dos poderosas razones para hablar con él y `coronar´ a Pérez-Reverte como único amo y señor de estas páginas. ¡Paso al duque de corso y real maestro de esgrima!

XLSemanal. ¿Cuántos millones de ejemplares lleva vendidos la saga?
Arturo Pérez-Reverte.
Esas cosas me da vergüenza decirlas, pero te lo voy a decir porque es una cosa pública. Entre España y América Latina, cuatro millones de ejemplares.

XL. El dinero no lo es todo en la vida. ¿Lo mejor que le ha dado Alatriste?, ¿su mayor satisfacción ha sido...?
A.P.R.
Me ha dado muchas, muchas. Una que viene con frecuencia es la del lector que me dice: `Gracias a usted he conocido el siglo XVII y ahora estoy leyendo a Alonso de Contreras, a Quevedo, a Cervantes...´. Ese lector es mi mayor satisfacción. Más que nada porque, realmente, es una época muy poco conocida que merece conocerse.

XL. ¿Cuántas entregas más podemos esperar?
A.P.R.
Mínimo, dos. Tengo previstas dos. ¿Sabes una cosa? Yo tengo 59 años. Me quedan diez años hasta los 70. Pon que me queden cinco o seis novelas, con mucha suerte, ya que todo eso se va acabando. Entonces tengo que elegir muy cuidadosamente lo que escribo y lo que no. Tengo que escribir dos Alatristes seguro, pero no sé si habrá más.

XL. Volvemos a toparnos con un Alatriste cansado que contrasta con la energía que Íñigo muestra en su madurez.
A.P.R.
Claro que sí. Íñigo va creciendo. Además, se empieza a enfrentar a él. Empieza a querer matar al padre y ese tipo de cosas. Ten en cuenta que Alatriste, en realidad, no es más que el trasunto de una España determinada, de una España que desaparece con él. Es el final de un mundo, de una época, de un imperio, de un poderío.

XL. ¿También está cansado el autor de la saga?
A.P.R.
[Sonríe irónico] ¡Hombre, es normal! Tengo una edad. He vivido, he viajado, he leído... Y, sobre todo, ves. Miras. Ves al ser humano... Eso te produce un desgaste de ilusiones. La mirada se te cansa. Y lo que más cansa es ver cómo la estupidez se repite y engorda, mientras que la lucidez merma y mengua a cada momento.

XL. ¿Eso es lo que más indigna a Pérez-Reverte?
A.P.R.
Exacto. La estupidez. Sobre todo cuando está aliada con el poder. Es una mezcla letal. Se da en todas partes. Bush, en EE.UU., es el ejemplo mayor de estupidez aliada con el poder. Pero en España también ocurre. Aquí sabemos ser estúpidos y arrogantes nosotros solos. El peor enemigo del sentido común es la estupidez aliada con el poder.

XL. Vuelve a dar en esta entrega señales de vida, aunque bastante machacada, Gualterio Malatesta: el malo. Qué difícil es tener enemigos a la altura de uno, ¿no cree?
A.P.R.
Sí, pero es algo necesario. Los enemigos son útiles porque te mantienen despierto. El tipo que cree no tener enemigos se duerme, se confía, se relaja. Y como siempre hay enemigos, y más en España, pues te caen encima. El enemigo es como el mar. Navegas en él, pero sabes que puede volverse contra ti porque es peligroso.

XL. ¿Le ocurre a usted lo que a muchos lectores, que, desde la película, Alatriste tiene la cara de Viggo Mortensen?
A.P.R.
Pues sí. No lo puedo evitar. Pero no me molesta porque ocurre lo siguiente. Viggo hizo un trabajo muy concienzudo. Leyó los libros previamente y él se adaptó al personaje. No es que crease un Alatriste distinto. Lo que hizo Viggo fue encarnar de una manera bastante rigurosa, en lo físico y en mucho más, a Alatriste.

XL. Ahora que estamos con lo audiovisual. ¿Qué pasó con La reina del Sur?, ¿no tuvo control sobre ese proyecto?
A.P.R.
Es que no tenía por qué tenerlo. Lo dije muy claro en Twitter, pero te lo digo otra vez. Lo que hicieron los americanos con La reina del Sur fue un culebrón canónico con 70 episodios y con todas las virtudes y defectos del culebrón clásico. En España se presentó como una serie de calidad, reducida y corta y pega, para un público que no era el suyo. Fue un disparate. Lo que era un culebrón muy digno se convirtió en una serie cutre e inadecuada.

XL. ¿A cuántos `Alatristes´ ha conocido en su vida?
A.P.R.
A muchos. Alatriste, realmente, existe. Tiene cara, tiene apellidos. Alatriste, afortunadamente para mí, tiene mucho que ver con tipos a los que llamo amigos.

XL. ¿Qué fue lo peor que vio siendo reportero de guerra?
A.P.R.
Pues, fíjate, lo peor no siempre es el horror. Hay imágenes que te persiguen con más intensidad que las tripas o la sangre. Un perro, por ejemplo, que me iba siguiendo en la batalla de los hoteles de Beirut. Tenía la pata rota de un tiro. Venía detrás de mí, pero yo no podía llevármelo. Si hubiera tenido un arma, le habría pegado un tiro para que dejase de sufrir. Tuve que dejarlo allí, mirándome. Pues la mirada de ese perro me persigue con los años más que miradas de seres humanos a los que a lo mejor vi sufrir más. Uno no elige el horror que recuerda.

XL. «Cuando a un soldado le dan de beber, o está jodido o lo van a joder». Lo dice Alatriste. Esa frase no se encuentra en libros ni en manuales de urbanidad.
A.P.R.
[Ríe] No. Eso es pura vida. A mí también me han dado de beber muchas veces antes de mandarme a sitios complicados.

XL. ¿Lo mejor de sus 20 años en XLSemanal?
A.P.R.
El retorno. Los lectores. Con mi columna he irritado a mucha gente, pero también he hecho muchos amigos desconocidos. Amarro un día el barco en un sitio o estoy sentado en una terraza y se acercan a mí. Jóvenes treintañeros que te cuentan que empezaron a leerte a los 15 y de ahí pasaron a leer otras cosas.

XL. ¿Y lo peor?
A.P.R.
El compromiso. Yo, a estas alturas de mi vida, tengo la suerte de poder elegir. Solamente soy esclavo de una cosa. Del maldito XLSemanal y de enviar la maldita columna cada semana. Y no he fallado jamás en 20 años. Es la única dependencia que tengo en mi vida.

XL. Una feliz dependencia, por otro lado.
A.P.R.
Bueno, pero te aseguro que hay días en que me siento a las ocho de la mañana a trabajar maldiciendo a XLSemanal y a la madre que lo parió. Sobre todo cuando me veo diciendo: `¿De qué diablos escribo hoy la columna, que tengo que irme a las tres de viaje?´.

XL. Una con la que ha habido bastante revuelo es recientita: la de Zapatero.
A.P.R.
Ya, pero es que no se acuerdan de la que le hice a Álvarez-Cascos con el Prestige. Ni de la que le hice a Aznar cuando se fue. Es que la gente tiene muy mala memoria. Además, ocurre que ahora le toca a Zapatero.

XL. Lo ha dicho un lector: `Llamar imbécil a Zapatero no es propio de un académico´.
A.P.R.
Bueno. Pues si soy académico y le llamé imbécil, será que sí es propio.

XL. Escribe usted a navaja, como si fuera un barbero.
A.P.R.
¿Sabes qué pasa? Yo no soy el Arturo Pérez-Reverte que escribe en XLSemanal. La gente piensa que yo soy así. Que yo voy por la vida agrediendo e insultando. Yo soy un tipo, como bien sabes, bastante correcto. Nunca digo tacos hablando en la vida normal ni nada. Lo que pasa es que ése es un personaje literario que tiene una actitud de gruñón y agresivo y, como tal, debo ser fiel a él. Y el lector veterano lo sabe.

XL. ¿Y por qué ese personaje es tan agresivo?
A.P.R.
Porque un buen día descubrí que en España, si no pateas el hígado de algunos, nadie se da por aludido. Aquí alguien dice `¡somos gilipollas!´ y ves que todo el mundo mira alrededor preguntando `¿quién?, ¿quién?´. A veces, con el recurrir al ataque directo, a la navaja, se consigue una mayor y mejor reacción.

XL. Hábitos del columnista: ¿dónde y cuándo escribe?
A.P.R.
En casa, con horario de oficina. Ahí sí que no hay improvisación. No hay `aeropuerto´. Siempre que le doy a la tecla, estoy en mi casa.

XL. Los temas están ahí. Dice el Financial Times que lo peor de la crisis está por venir. Da miedo, ¿no?
A.P.R.
[Silencio] ¡Hombre, es que no quiero entrar demasiado en esto! Pero lo haré. A veces me pregunto si no hacía falta una crisis como ésta para cambiar la manera de ver el mundo de una generación. Porque lo que está claro es que estábamos viendo el mundo de una manera equivocada. Y esta crisis lo ha demostrado.

XL. ¿Por qué hace caso omiso de las últimas normas de la Academia en cuanto a acentos?
A.P.R.
Porque no estoy de acuerdo.

XL. Tendrá contentos a los demás académicos.
A.P.R.
Bueno, a algunos sí y a otros no. Somos varios. No estoy solo en esta lucha. Yo, cada mañana, trabajo con palabras, lucho con ellas, y estoy creando cosas. Por eso necesito herramientas diferentes que el técnico.

· El puente de los Asesinos

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