Uso de cookies. Utilizamos cookies para mejorar tu experiencia. Si continúas navegando, aceptas su uso. Nota legal sobre cookies.

Cerrar
Suscribir


Inicio > Prensa > El Bar de Lola

El Bar de Lola

Conchita Montenegro cenó en Niza

Arturo Pérez-Reverte - 24/9/2012

Una novela también supone pequeñas satisfacciones personales. Guiños particulares del autor. Tengo una deuda pendiente con una actriz española, ya desaparecida, de la que hace mucho tiempo soy devoto: Conchita Montenegro. Brilló con rotunda luz propia en el cine, y en los años 30 hizo películas en Hollywood con Ramón Novarro, Leslie Howard y Robert Montgomery. Fue casi nuestra Greta Garbo. O sin casi. Era guapísima, elegante y tenía todas las virtudes para convertirse en una gran estrella. Pero no quiso. Se casó con un diplomático, renunció al cine y desapareció de la vida pública, aunque antes protagonizó una de mis películas favoritas, Rojo y negro: extraordinaria, moderna, curiosa e inquietante historia sobre el Madrid de la Guerra Civil, rodada en 1942 por el falangista Carlos Arévalo, que fue prohibida al resultar incómoda para el régimen franquista. Como una parte de El tango de la Guardia Vieja transcurre en la Costa Azul en 1937, decidí que era una buena ocasión para hacer un guiño-homenaje a mi querida señora Montenegro. No sé si en esas fechas concretas, otoño de aquel año, ella estaba en Francia; pero nada impide pensar que pudiera encontrarse allí de paso. Nada lo desmiente. Así que, en una cena en una villa de Niza, en casa de la hermana de un conocido financiero -lo llamo Tomás Ferriol, y está inspirado en cierto modo en la figura del banquero Juan March-, incluyo entre algunos de los invitados que conversan, reunidos en un lugar del salón, a una bella actriz española a la que Max, el protagonista, cree identificar como Conchita Montenegro. Sólo aparece en un par de líneas, naturalmente. Ni siquiera la oímos hablar; pero está ahí, y yo lo sé. Me gusta la idea de hacerla revivir de ese modo, respetuosamente, incluyéndola en mi mundo imaginado. Y nadie puede probar que no fuera posible: por un momento, las vidas de Max Costa y de Conchita Montenegro se cruzaron una noche de otoño, en Niza. Y punto. Es lo estupendo de imaginar cosas para escribirlas después, y que luego otros las lean para verlas con tus ojos. Con tu mirada. Nadie puede poner límites a eso.

  • Valoración 4/5.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
3 votos
Foto de Arturo Pérez-Reverte

¿Qué es?

Anotaciones de Arturo Pérez-Reverte. Desde abril de 2012 a marzo de 2014 fueron publicadas en novelaenconstruccion.com

Suscríbete por correo

Escribe tu correo:

RSS

Suscribirse al RSS