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Críticas

Pérez-Reverte en la guerra del grafiti

J. M. Pozuelo Yvancos / ABC Cultural - 24/11/2013

No es frecuente que un escritor consagrado, que ha definido un estilo de novelar, se lance a territorios inexplorados, como si lo conseguido hasta ahora no fuese suficiente. O como si la aventura y su riesgo formaran parte de su vocación. A ella se entrega Arturo Pérez-Reverte como si se tratase de un joven periodista que tuviera que cubrir una guerra, y allí lo tuviéramos, en la trinchera.

El mundo del grafiti tiene mucho de guerra, desarrollada a modo de guerrilla urbana protagonizada por jóvenes extraterritoriales que ejecutan sus batallas con la misma ambición de vencer al enemigo, que responde al nombre de capital, sistema, hipocresía política. Y como toda guerra, tiene sus héroes, sus mitos.

Pérez-Reverte se ha metido en ese mundo y entrega sobre él una novela magnífica, redonda. No es únicamente que la leas sin poder dejarla, animado por una intriga dosificada con maestría que tiene al lector en suspenso. Es que amolda muy bien la estructura a una aventura de conocimiento.

Toda la novela es la persecución de una figura, Sniper, el grafitero al que todos siguen y admiran pero al que nadie ve, porque vive escondido. Sale únicamente para perpetrar ataques cada vez más atrevidos contra el sistema.

Mirada lúcida

Sniper está desaparecido, y corresponde a Alejandra Varela, una especialista en arte urbano, encontrarlo. Pérez-Reverte deposita otra vez en una mujer la responsabilidad de la mirada lúcida. Como le ocurre a los héroes de este autor, también Alejandra es una heroína cansada, por desengaños vitales y por tragedias personales que el lector conocerá poco a poco. La lucidez se comparte con las heridas. Ese es el mundo de Pérez-Reverte, que aumenta en cada libro el recorrido por los desengaños. Si acaso, en El francotirador paciente añade a Teresa de Mendoza, Alatriste, Mecha Inzunza y Max Costa una condición: su lucidez es más social, se vertebra en torno a una crítica a las condiciones del sistema y al comercio del arte.

La estructura literaria es la que mejor se aviene a lo que se conoce como quête, una búsqueda, la persecución de un personaje, pero también la resolución de un enigma, porque Sniper tiene un secreto escondido, no estamos seguros de si todo en él es verdadero o una estrategia comercial.

Esta es la novela más conradiana de Pérez-Reverte, porque Alejandra camina hacia Sniper como Marlow hacia Kurtz en El corazón de las tinieblas. Al igual que en esa obra maestra, el perseguido no aparece hasta el final.

Ambiguo y terrible

La novela tiene dos planos: el primero sigue esa estructura literaria de pesquisa, con ingredientes del thriller que además se benefician de la marca Pérez-Reverte en cuanto a la calidad con la que escenarios y atmósferas son reconstruidos: Lisboa, Verona, Roma, Nápoles. El otro plano es la introducción al lector en el mundo del grafiti, sus orígenes, corrientes, mitos y lenguaje.

Si para que una novela sea buena resultan importantes el ambiente, los espacios y el lenguaje, donde mejor se realiza es en los personajes. El de Alejandra Varela, lesbiana que ha vivido una rotura trágica y que se mueve administrando muy bien el control de sus sentimientos y una perspicaz inteligencia. El de Sniper, ambiguo y terrible. Y junto a ellos secundarios antológicos.

Como la novela está narrada en primera persona y precisa de reflexiones, son fundamentales los diálogos, que proporcionan un punto de vista subjetivo y perspectivístico sobre ese mundo subterráneo, apasionante, que este novelista experto e inquieto saca a la superficie. Otra guerra magistralmente contada.

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Críticas sobre los libros de Arturo Pérez-Reverte y su trayectoria literaria.

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